Misericordia quiero y no sacrificios
“Por ese tiempo, Jesús caminaba en el día de descanso por
unos terrenos sembrados. Sus discípulos tenían hambre, entonces comenzaron a
arrancar unas espigas de grano y a comérselas. Algunos fariseos los vieron y
protestaron: —Mira, tus discípulos violan la ley al cosechar granos en el día
de descanso. Jesús les dijo: —¿No han leído en las Escrituras lo que hizo David
cuando él y sus compañeros tuvieron hambre? Entró en la casa de Dios, y él y
sus compañeros violaron la ley al comer los panes sagrados, que solo a los
sacerdotes se les permitía comer ... Les digo, ¡aquí hay uno que es superior al
templo! Ustedes no habrían condenado a mis discípulos—quienes son inocentes—si
conocieran el significado de la Escritura que dice: “Quiero que tengan
compasión, no que ofrezcan sacrificios”. Pues el Hijo del Hombre es Señor,
¡incluso del día de descanso!”, Mt 12:1-8
En la cultura del pueblo judío existían leyes y tradiciones
religiosas sobre la pureza y santidad que impactaban en todas las dimensiones
de la vida cotidiana, social y cultural. De los diez mandamientos (Ex 20:1-17,
34:10-28, Dt 5:6-21) se llegó a 613 mandamientos de la ley que se debían
observar para ser justo, santo y puro. 365 mandamientos indican abstenerse de
alguna acción y los otros 248 preceptos orientaban positivamente a realizar una
práctica. La espiritualidad era la observancia legal para tener acceso a Dios
En Jesucristo encontramos a la persona que es superior a
cualquier templo e institución. Su camino es el de la misericordia y compasión.
Jesús nos convoca a otro tipo de experiencia basado en su gracia y no en el
mérito
Jesús tiene un corazón para toda la gente y su autoridad se
basa en la compasión. Este es el Dios en el que creemos que extiende sus brazos
con misericordia. Su deseo es bendecir. Es el pastor que apacienta el rebaño,
lleva en brazos a los corderos y conduce con delicadeza a las recién paridas,
Is 40:11
Jesús nos enseña como amar y nos hace participar de la
alegría de servir a nuestro prójimo. “Sed pues misericordiosos, como también
vuestro Padre es misericordioso. Sean compasivos como vuestro Padre es
compasivo”, Lc 6:36
Carlos Scott





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