jueves, 24 de septiembre de 2026

Dios nos llama a disfrutar de su presencia

Su gracia nos alcanza

“Invita al pobre, al lisiado, al cojo y al ciego.  Luego, en la resurrección de los justos, Dios te recompensará por invitar a los que no podían devolverte el favor».  Al oír esto, un hombre que estaba sentado a la mesa con Jesús exclamó: «¡Qué bendición será participar de un banquete en el reino de Dios!», Lc 14:13-15
Jesús incluía a quienes otros excluían y su mesa era un ambiente de consuelo y restauración. En el Reino de Dios hay una invitación a todos, Lc 5:29-32; 19:1-10. Sus encuentros implicaban la construcción de puentes de reconciliación. La mesa de Dios es amplia y generosa. David Cárdenas nos habla de llevar la invitación del Reino a quienes han sido olvidados en todo el mundo, aquí y allá.
La mesa del Señor esta abierta a la espontaneidad, a la expresión natural y fácil del pensamiento, los sentimientos, las emociones. “Cuando cierta mujer de mala vida que vivía en la ciudad se enteró de que Jesús estaba comiendo allí, llevó un hermoso frasco de alabastro lleno de un costoso perfume.  Llorando, se arrodilló detrás de él a sus pies. Sus lágrimas cayeron sobre los pies de Jesús, y ella los secó con sus cabellos. No cesaba de besarle los pies y les ponía perfume”, Lc 7:37-38-
Es una mesa donde encontramos perdón. “Entonces Jesús le dijo a la mujer: «Tus pecados son perdonados».  Los hombres que estaban sentados a la mesa se decían entre sí: «¿Quién es este hombre que anda perdonando pecados?». Y Jesús le dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado; ve en paz», Lc 7:48-50. Jesús nos muestra que su mesa es un espacio donde la historia de vida puede ser contada y el corazón es libre del pecado. Allí nacen la transformación y la restitución.
Dios nos llama a disfrutar de su presencia. Es encuentro, revelación, alegría, enciende el corazón, hay misión y su sacrificio debe ser recordado. Su mesa nos alimenta, nos revela a Cristo y nos muestra el camino de la misión.
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

Mesa

Mesa, comunidad y pertenencia: tres palabras para pensar cómo construimos nuestros vínculos y qué significa vivir la fe junto a otros.

La mesa es mucho más que un lugar para compartir alimentos. En la tradición bíblica también es espacio de encuentro, conversación y hospitalidad. Allí las diferencias pueden sentarse juntas y cada persona tiene algo que aportar.
La comunidad nace de esos vínculos y se fortalece cuando aprendemos a sostenernos mutuamente, compartir nuestras cargas y celebrar las alegrías de otros. La pertenencia, por su parte, se experimenta cuando sabemos que tenemos un lugar, que nuestra voz cuenta y que podemos participar sin renunciar a quienes somos.
Jesús compartió la mesa con personas de distintas procedencias y condiciones. Sus encuentros alrededor del alimento nos siguen invitando a revisar cómo entendemos la comunidad cristiana, a quiénes recibimos y cuánto espacio estamos dispuestos a hacer.
¿Qué hace que una comunidad sea un lugar al que realmente quieras volver?
Guarda estas definiciones y compártelas con alguien con quien hayas experimentado el valor de una mesa compartida.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

La mesa del Señor nos indica que somos un solo cuerpo y nos edificamos unos a otros

Banquete

“Entonces Jesús les dijo a los discípulos que sentaran a la gente en grupos sobre la hierba verde. Así que se sentaron en grupos de cincuenta y de cien. Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados, miró hacia el cielo y los bendijo. Luego, a medida que partía los panes en trozos, se los daba a sus discípulos para que los distribuyeran entre la gente. También dividió los pescados para que cada persona tuviera su porción. Todos comieron cuanto quisieron, y después los discípulos juntaron doce canastas con lo que sobró de pan y pescado. Un total de cinco mil hombres y sus familias se alimentaron”, Mc 6:39-44

La mesa del Señor es un lugar de encuentro donde Dios invita al ser humano a vivir en relación con Dios y los demás. Es un espacio de encuentro comunitario, de significado espiritual y misional. Alrededor de la mesa se construyen relaciones, se celebra la presencia del Señor y se extiende la invitación a formar parte del Reino de Dios. Hay un llamado a discernir juntos la palabra de Dios con humildad y participar en su misión con esperanza.

Hacer memoria en la mesa del Señor nos habla de un Dios que se entrega, que pone su vida al alcance de otros. Es un lugar donde Dios se da a conocer, hay revelación y nos alcanza con sus promesas

Nuestras mesas deben ser espacios de memoria que nos recuerda que Dios libera y redime a su pueblo, Ex 12:1-28. Dios también nos prepara una mesa en medio de la dificultad, Ex 16, 17:1-7, Nm 20:1-13, 1 Co 10:4, Sal 23:5. La provisión viene de la fidelidad de Dios y no de la autosuficiencia humana. Cuando la incertidumbre y los peligros nos amenazan, Dios nos protege y nos invita a su mesa. David Cárdenas expresa: “Debemos recordar de dónde venimos y que promesas nos sostienen”.

La mesa del Señor nos indica que somos un solo cuerpo y nos debemos unos a otros, 1 Co 10:16-17, Ro 12:5-6. Jesús es nuestro pan, nos une y es nuestro pastor. Hay espacio para descansar, renovar fuerzas, afirmar nuestra identidad y sentirnos seguros con su cuidado, Sal 23

“Al oír esto, un hombre que estaba sentado a la mesa con Jesús exclamó: «¡Qué bendición será participar de un banquete en el reino de Dios!», Lc 14:15

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


martes, 22 de septiembre de 2026

“En la mesa se revelan el rostro de Dios, el estilo de Jesús y el sueño del Reino”

El Espíritu de una mesa de cooperación

“Al sentarse a comer, tomó el pan y lo bendijo. Luego lo partió y se lo dio a ellos. De pronto, se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Y, en ese instante, Jesús desapareció. Entonces se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?», Lc 24:30-32

El Señor nos llama a vivir la unidad sin caer en la uniformidad, la distinción sin caer en el individualismo o personalismo, la diferencia sin caer en la división. Un solo cuerpo celebrando la unidad en la diversidad. Valdir Steuernagel y Harold Segura nos comparten que “Jesús no exigía uniformidad para sentarse a la mesa. Lo que pedía era disponibilidad para el encuentro y apertura para la gracia.”

Todo se trata de una sola mesa para compartir el mismo pan y el mismo Señor. El pan es el símbolo de reconciliación. Cuando lo partimos juntos haciendo memoria del Señor es cuando se nos abren los ojos y puede arder nuestro corazón, Lc 24:13-34. Compartir el pan es hacerse uno con el otro, hay afinidad, proximidad, empatía, apego. Es una mesa que nos iguala a todos.

“La espiritualidad de la mesa compartida nos recuerda que no se trata de llegar a un consenso total antes de unirnos en misión, sino de dejar que el gesto de compartir el pan abra caminos de confianza mutua, de escucha y de colaboración.” Es abrirnos a la posibilidad de aprender de las otras personas, de escuchar sus historias y de discernir en amistad cuál es la voluntad del Señor. “La mesa, entonces, deja de ser solo lugar de intimidad eclesial y se convierte en espacio de articulación misionera”

El Señor nos desafía a que volvamos a mirar su mesa. Una mesa amplia, de inclusión, comunión y envío. “En la mesa se revelan el rostro de Dios, el estilo de Jesús y el sueño del Reino.”

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


lunes, 21 de septiembre de 2026

Iglesias en casa Saludables - Compañeros de movimiento

En este episodio conversamos con Josh Benadum, fundador de Acacia House Churches sobre 5 características de una iglesia en casa saludable.

Esta conversación fue grabada durante el encuentro mensual de líderes de las comunidades vivas de la Red de Viva Churches a nivel Internacional.
📌 Más de Acacia House Churches: https://acaciahc.com/​
📌 Más de Viva Churches: https://vivachurches.org/

domingo, 20 de septiembre de 2026

Jesús tiene un corazón para toda la gente

Misericordia quiero y no sacrificios

“Por ese tiempo, Jesús caminaba en el día de descanso por unos terrenos sembrados. Sus discípulos tenían hambre, entonces comenzaron a arrancar unas espigas de grano y a comérselas. Algunos fariseos los vieron y protestaron: —Mira, tus discípulos violan la ley al cosechar granos en el día de descanso. Jesús les dijo: —¿No han leído en las Escrituras lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre? Entró en la casa de Dios, y él y sus compañeros violaron la ley al comer los panes sagrados, que solo a los sacerdotes se les permitía comer ... Les digo, ¡aquí hay uno que es superior al templo! Ustedes no habrían condenado a mis discípulos—quienes son inocentes—si conocieran el significado de la Escritura que dice: “Quiero que tengan compasión, no que ofrezcan sacrificios”. Pues el Hijo del Hombre es Señor, ¡incluso del día de descanso!”, Mt 12:1-8

En la cultura del pueblo judío existían leyes y tradiciones religiosas sobre la pureza y santidad que impactaban en todas las dimensiones de la vida cotidiana, social y cultural. De los diez mandamientos (Ex 20:1-17, 34:10-28, Dt 5:6-21) se llegó a 613 mandamientos de la ley que se debían observar para ser justo, santo y puro. 365 mandamientos indican abstenerse de alguna acción y los otros 248 preceptos orientaban positivamente a realizar una práctica. La espiritualidad era la observancia legal para tener acceso a Dios

En Jesucristo encontramos a la persona que es superior a cualquier templo e institución. Su camino es el de la misericordia y compasión. Jesús nos convoca a otro tipo de experiencia basado en su gracia y no en el mérito

Jesús tiene un corazón para toda la gente y su autoridad se basa en la compasión. Este es el Dios en el que creemos que extiende sus brazos con misericordia. Su deseo es bendecir. Es el pastor que apacienta el rebaño, lleva en brazos a los corderos y conduce con delicadeza a las recién paridas, Is 40:11

Jesús nos enseña como amar y nos hace participar de la alegría de servir a nuestro prójimo. “Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. Sean compasivos como vuestro Padre es compasivo”, Lc 6:36

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox

viernes, 18 de septiembre de 2026

Otras mesas ...

Lo inesperado

“Cuando llegaron de nuevo a Jerusalén, Jesús entró en el templo y comenzó a echar a los que compraban y vendían animales para los sacrificios. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, y les prohibió a todos que usaran el templo como un mercado. Les dijo: «Las Escrituras declaran: “Mi templo será llamado casa de oración para todas las naciones”, pero ustedes lo han convertido en una cueva de ladrones», Mc 11:15-18.

Hay mesas que contradicen los valores del Reino de Dios y simbolizan un juicio. El templo de Jerusalén se había corrompido y se transformó en un mecanismo de opresión para la gente. Los mercaderes y cambistas se habían ubicado en el patio de los gentiles que era el lugar reservado para otras naciones que venían adorar a Dios. Jesús les vuelca las mesas y los puestos. El hecho es que Jesús purifica el patio de los gentiles.

La acción de Jesús tuvo un carácter profético y social, promoviendo la dignidad, la justicia y la inclusión. El Señor valida la igualdad basada en el amor y la solidaridad. No sabemos cómo pudo imponer su voluntad en esa realidad histórica. Su intervención se vio como algo imperdonable. Una subversión de gran escala. Jesús justifica su intervención mediante la enseñanza de Isaías 56:7 ¿No está escrito: “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”?

Jesús hace referencia a un reino inclusivo que Dios quiere instaurar. Su preocupación tiene que ver con todas las naciones, para todos los pueblos, a favor de todas las etnias. Jesús no se queda con sus límites nacionalistas sino los trasciende. Jesús mostro su indignación por la falta de integridad y nos muestra un camino a seguir.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox




jueves, 17 de septiembre de 2026

Jesús nos llama y espera una respuesta

Jesús pasa, mira y llama                                                            

“Jesús entró en Jericó y comenzó a pasar por la ciudad. Había allí un hombre llamado Zaqueo. Era jefe de los cobradores de impuestos de la región y se había hecho muy rico.  Zaqueo trató de mirar a Jesús pero era de poca estatura y no podía ver por encima de la multitud. Así que se adelantó corriendo y se subió a una higuera sicómoro que estaba junto al camino, porque Jesús iba a pasar por allí. Cuando Jesús pasó, miró a Zaqueo y lo llamó por su nombre: «¡Zaqueo!—le dijo—. ¡Baja enseguida! Debo hospedarme hoy en tu casa».  Zaqueo bajó rápidamente y, lleno de entusiasmo y alegría, llevó a Jesús a su casa; pero la gente estaba disgustada, y murmuraba: «Fue a hospedarse en la casa de un pecador de mala fama» ... Jesús respondió: —La salvación ha venido hoy a esta casa ...", Lc 19:1-10

Jesús nos llama y espera una respuesta. Zaqueo “lleno de entusiasmo y alegría, llevó a Jesús a su casa”.

La casa de Zaqueo fue la manifestación de la comunión, enseñanza y expresión del amor de Dios. Compartir la casa permite expresar la unidad, la escucha y la reconciliación. Es donde fortalecemos los lazos familiares, comunitarios y se reflejan los principios del Reino de Dios.

Los cristianos de la primera generación se reunían en asambleas que equivale al termino iglesias en las casas. “Las iglesias de aquí, en la provincia de Asia, les mandan saludos en el Señor, igual que Aquila y Priscila y todos los demás que se congregan en la casa de ellos para las reuniones de la iglesia.”, 1 Co 16:19. “Les ruego que saluden de mi parte a nuestros hermanos en Laodicea, y también a Ninfas y a la iglesia que se reúne en su casa.”, Col 4:15. El termino casa (Oikós) aparece unas 115 veces en el Nuevo Testamento.

Las casas fueron espacios de inclusión, sanación, enseñanza, nuevos vínculos, oración y espiritualidad. Jesús es presencia sanadora, liberadora y salvadora. Es Buena Noticia para todos y en primer lugar para los últimos y discriminados.

El Señor nos vuelve a desafiar y nos dice: “Debo hospedarme hoy en tu casa”.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


miércoles, 16 de septiembre de 2026

Jesús da vuelta el orden social y las convenciones establecidas

Dios bendice...

"Uno de los fariseos invitó a Jesús a cenar, así que Jesús fue a su casa y se sentó a comer. Cuando cierta mujer de mala vida que vivía en la ciudad se enteró de que Jesús estaba comiendo allí, llevó un hermoso frasco de alabastro lleno de un costoso perfume. Llorando, se arrodilló detrás de él a sus pies. Sus lágrimas cayeron sobre los pies de Jesús, y ella los secó con sus cabellos. No cesaba de besarle los pies y les ponía perfume. Cuando el fariseo que lo había invitado vio esto, dijo para sí: «Si este hombre fuera profeta, sabría qué tipo de mujer lo está tocando. ¡Es una pecadora!», Lc 7:36-50

Las más grandes enseñanzas en las que Jesús impartió vida sucedieron mientras compartía su diario andar, cuando caminaba de un pueblo a otro, cuando se detenía ante el pedido de la gente, cuando se sentaba a la mesa. 

Jesús da vuelta el orden social y las convenciones establecidas. Jesús tiene otra visión de orden y sus valores. Es en una casa donde se integran a los excluidos y Jesús cambia el esquema de los tiempos finales rechazando la discriminación y alejamiento.

Compartir la mesa con Jesús es tocar lo más profundo de cada persona con su historia, es nutrir la vida, abrir el corazón con sus alegrías y tristezas. Jesús nos revela sus gestos y sus opciones.

«Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de él, porque el reino del cielo les pertenece. Dios bendice a los que lloran, porque serán consolados. Dios bendice a los que son humildes, porque heredarán toda la tierra. Dios bendice a los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dios bendice a los compasivos, porque serán tratados con compasión. Dios bendice a los que tienen corazón puro, porque ellos verán a Dios. Dios bendice a los que procuran la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Dios bendice a los que son perseguidos por hacer lo correcto, porque el reino del cielo les pertenece.”, Mt 5:1-12

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


Encuentro mensual compañeros de movimiento. Iglesias en casas. Felipe Echeverri

Vivimos rodeados de una cultura que nos enseña a evaluar antes de comprometernos, a medir qué obtenemos antes de darnos, y a salir sin fricción en cuanto algo deja de convenirnos. Esa cultura no se queda en la puerta cuando cambiamos de templo a casa: entra con nosotros. Por eso una iglesia en casa puede tener, sin darse cuenta, la misma pasividad de consumo que cualquier otro espacio, solo que ahora se toma café en vez de aplaudir.

En este mensaje hablamos de un paradigma que rara vez cuestionamos: la idea de que cambiar de entorno cambia la cultura. El entorno correcto quita obstáculos, pero no produce por sí solo una comunidad saludable. Desde Hebreos 10 y Hechos 2, exploramos lo que de verdad define una iglesia bíblica más allá del lugar donde se reúne: una eclesiología mínima sostenida en tres dimensiones que tienen que estar presentes juntas — comunidad, misión y adoración. ¿Cuál de las tres está más débil en tu comunidad hoy? vivachurches.org #IglesiaEnCasa #DiscipuladoSimple #VivaChurches #EclesiologíaBíblica #ComunidadCristiana


martes, 15 de septiembre de 2026

Dios nos llama a mantener viva la memoria de su fidelidad

Memoria

“También tomó pan y le dio gracias a Dios; luego lo partió, lo dio a sus discípulos y les dijo: «Esto es mi cuerpo, que ahora es entregado en favor de ustedes. De ahora en adelante, celebren esta cena y acuérdense de mí cuando partan el pan.» Cuando terminaron de cenar, Jesús tomó otra copa con vino y dijo: «Este vino es mi sangre, derramada en favor de ustedes. Con ella, Dios hace con ustedes un nuevo pacto.”, Lc 22:19

Una fe que hace memoria mantiene viva la experiencia del pasado en el presente. Es fortalecer la fe, encontrarnos con las promesas Dios y hallar consuelo en tiempos desfavorables. El libro de Lamentaciones nos recuerda: “Pero algo más me viene a la memoria, lo cual me llena de esperanza:  Por el gran amor del Señor no hemos sido consumidos y su compasión jamás se agota.  Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad! Me digo a mí mismo: «El Señor es mi herencia. ¡En él esperaré!». Lm 3:22-24

Dios nos llama a mantener viva la memoria de su fidelidad. Asaf en medio de su angustia escribe el Salmo 77 y dice: “Prefiero recordar las hazañas del Señor, traer a la memoria sus milagros de antaño. Meditaré en todas tus proezas; evocaré tus obras poderosas.”, Sal 77:11-12

Recordar implica una celebración activa y continua. David canta y expresa: “¡Con todas las fuerzas de mi ser alabaré a mi Dios!  ¡Con todas las fuerzas de mi ser lo alabaré y recordaré todas sus bondades!”, Sal 103:1-2. “Recuerden todo lo que ha pasado desde tiempos antiguos. Yo soy Dios, y no hay otro; soy Dios, y no hay nadie igual a mí”, Is 46:9

Celebramos el triunfo de nuestro Señor. Su victoria es la nuestra. “Después de esto miré y apareció una multitud tomada de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas; era tan grande que nadie podía contarla. Estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos de ropas blancas y con ramas de palma en la mano. Proclamaban a gran voz: «¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono y del Cordero!», Ap.7:9-10

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


lunes, 14 de septiembre de 2026

Las mesas en las que Jesús participó tuvieron un impacto eterno

Inclusión

“Más tarde, Jesús y sus discípulos estaban cenando en la casa de Mateo. Muchos de los que cobraban impuestos, y otras personas de mala fama que ahora seguían a Jesús, también fueron invitados a la cena. Cuando algunos maestros de la Ley, que eran fariseos, vieron a Jesús comiendo con toda esa gente, les preguntaron a los discípulos: —¿Por qué su maestro come con cobradores de impuestos y con gente de mala fama? Jesús los oyó y les contestó: —Los que necesitan al médico son los enfermos, no los sanos. Y yo vine a invitar a los pecadores para que regresen a Dios, no a los que se creen buenos.”, Mc 2:15-17

Las mesas en las que Jesús participó tuvieron un impacto eterno, pero al mismo tiempo muchos no lo podían entender. Jesús estuvo dispuesto a perder fama y popularidad porque entendía que una mesa estratégica valía más que ser reconocido por las multitudes.

Todo comienza en la sencillez de compartir la vida de una manera profunda y sincera. Había diálogo, empatía y proximidad. Discipular una generación es seguir las opciones de Jesús e imitar sus gestos. 

La profundidad de cada acontecimiento encendió el corazón de los discípulos. Las buenas nuevas las llevo adelante una generación que entendió el propósito de Dios permaneciendo en sus enseñanzas y dando fruto

“Oigan bien esto: De todas partes del mundo vendrá gente que confía en Dios como confía este hombre. Esa gente participará en la gran cena que Dios dará en su reino. Se sentará a la mesa con sus antepasados Abraham, Isaac y Jacob.”, Mt 8:11

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


domingo, 13 de septiembre de 2026

El Señor nos trata de manera especial, somos su joya, su tesoro

Así eres tú

“Tú, Dios mío, eres mi pastor; contigo nada me falta. Me haces descansar en verdes pastos, y para calmar mi sed me llevas a tranquilas aguas. Me das nuevas fuerzas y me guías por el mejor camino, porque así eres tú. Puedo cruzar lugares peligrosos y no tener miedo de nada, porque tú eres mi pastor y siempre estás a mi lado; me guías por el buen camino y me llenas de confianza. Aunque se enojen mis enemigos, tú me ofreces un banquete y me llenas de felicidad; ¡me das un trato especial! Estoy completamente seguro de que tu bondad y tu amor y me acompañarán mientras yo viva, y de que para siempre viviré donde tú vives.”, Sal 23

Así es el Señor, “tú me ofreces un banquete … y siempre viviré donde tú vives.” Hay una mesa donde nada falta, podemos descansar, hay saciedad, recobramos la fuerza. Es una mesa donde encontramos dirección, seguridad y certeza. El Señor nos trata de manera especial, somos su joya, su tesoro. Su bondad y amor nos acompaña. Hay misericordia y perdón. ¡Bienvenidos a la mesa del Señor!

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


sábado, 12 de septiembre de 2026

Jesús nos invita a formar parte de su historia

Compartiendo la mesa con Jesús

Compartir la mesa con Jesús y unos con otros es un lugar donde podemos nutrir nuestra alma y nuestro espíritu. Permite un espacio de comunión y el centro es Jesús. Es un tiempo donde muchas decisiones son tomadas.

Jesús nos invita a formar parte de su historia donde encontramos propósito, significado, pertenencia y participación. Nos llama a compartir la mesa de comunión. »¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos”, Ap 3:20. Hay unión, vínculo, conexión. Es una mesa diaria de relación.

El apóstol Juan nos recuerda que el Señor nos prepara un desayuno. “Cuando llegaron, encontraron el desayuno preparado para ellos: pescado a la brasa y pan … -- «¡Ahora acérquense y desayunen!», dijo Jesús … Entonces Jesús les sirvió el pan y el pescado”. Es el momento donde Jesús nos vuelve a preguntar ¿me amas más que estos?

“—Sí, Señor—contestó Pedro—, tú sabes que te quiero. —Entonces, alimenta a mis corderos—le dijo Jesús. Jesús repitió la pregunta: —Simón, hijo de Juan, ¿me amas? —Sí, Señor—dijo Pedro—, tú sabes que te quiero. —Entonces, cuida de mis ovejas—dijo Jesús.  Le preguntó por tercera vez: —Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? A Pedro le dolió que Jesús le dijera la tercera vez: «¿Me quieres?». Le contestó: —Señor, tú sabes todo. Tú sabes que yo te quiero. Jesús dijo: —Entonces, alimenta a mis ovejas … «Sígueme», Jn 21:1-25.

La mesa de relación, comunión y cooperación solo se profundiza con una sola palabra: «Sígueme»

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox 


viernes, 11 de septiembre de 2026

A Jesús lo encontramos en el camino, en movimiento y junto a él una comunidad que le sigue

De un lugar a otro

“Después los llevó Jesús hasta Betania; allí alzó las manos y los bendijo. Sucedió que, mientras los bendecía, se alejó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, entonces, lo adoraron y luego regresaron a Jerusalén con gran alegría. Y estaban continuamente en el templo, alabando a Dios”, Lc 24:50-53

A Jesús lo encontramos en el camino, en movimiento y junto a él una comunidad que le sigue. El Señor nos muestra que la fe se vive en “salida”, hacia afuera. Jesús se compromete en ser nuestro guía cada vez que nos movamos para anunciar el evangelio. Todo esto es posible con su bendición que significa la provisión de Dios para el desarrollo del ser humano.

Los discípulos saludan la partida del Señor no con el llanto sino con la alegría. “Los discípulos regresaron a Jerusalén con gran alegría”. Deberán enfrentar un mundo donde nada ha cambiado, donde actúan las fuerzas del mal, el sufrimiento, la muerte, el odio y a su vez anunciar que todo ha cambiado.

Deben afrontar un mundo hostil llevando la paz, el amor y el perdón donde lo harán con la fuerza y la alegría de lo alto. Estos testigos van a declarar que el cielo es posible traerlo a la tierra. Jesucristo ha resucitado, es el tiempo de la esperanza y su bendición nos llena de alegría. 

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


jueves, 10 de septiembre de 2026

Jesús nos ayuda a encontrar el sentido de la vida

Saber y comprender

“Al instante se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron a los once y a los que estaban reunidos con ellos. «¡Es cierto! —decían—. El Señor ha resucitado y se le ha aparecido a Simón». Los dos, por su parte, contaron lo que les había sucedido en el camino, y cómo habían reconocido a Jesús cuando partió el pan.”, Lc 24:33-35

Solemos tener información de muchas cosas, pero no a todas les podemos dar una explicación. Saber no necesariamente significa comprender. Jesús nos ayuda a encontrar el sentido de la vida, nos comparte la escritura y se nos revela en el gesto de partir el pan.

Todo esto es una acción de gracia. Cleofás y el otro discípulo se habían alejado de Jerusalén y se separaron de la comunidad. Se alejaron de un lugar peligroso donde comenzaría la expansión de su gloria. Por su gracia, Jesús nos alcanza, nos encuentra, no solamente cuando lo buscamos, sino también cuando huimos.

Jesús sale a nuestro encuentro y vuelve a encender el fuego que todos necesitamos para vivir. Se trata de encender nuestro corazón porque Dios nunca pierde el corazón, nunca. Quizás sea necesario que salga nuevamente a nuestro encuentro para percibir un latir diferente del corazón. Necesitamos tener una chispa de aquel fuego, un gran espíritu de aventura y un amor al riesgo para ir a "Jerusalén”.

«Vengan, síganme —les dijo Jesús—, y los haré pescadores de hombres», Mt 4:19. “Su palabra arde en mi corazón como fuego. ¡Es como fuego en mis huesos!”, Jer 20:9

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox 


miércoles, 9 de septiembre de 2026

La palabra que nos alcanza es siempre el fenómeno de estar en el camino

Una chispa

“Se decían el uno al otro: ― ¿No ardía nuestro corazón mientras conversaba con nosotros en el camino y nos explicaba las Escrituras?, Lc 24:32

El día que Jesús resucitó se encontró con dos de sus seguidores en el camino a Emaús, Lc 24:13-35. Salían de Jerusalén que se había transformado en un lugar peligroso. Estos creyentes estaban abatidos y preocupados. Sus sueños destruidos. Parecía no tener explicación lo ocurrido con Jesús de Nazaret. Jesús habló con ellos y la oscuridad se hizo luz.

La invitación fue simplemente a leer y a entender. Acercarnos a la palabra de Dios como realidad viva y confiarnos a la guía del Espíritu. Jesús les dio significado a las cosas, les presentó un gran panorama y sus vidas tuvieron sentido “Entonces se le abrieron los ojos y lo reconocieron…”. “Se decían el uno al otro: ― ¿No ardía nuestro corazón mientras conversaba con nosotros en el camino y nos explicaba las Escrituras?

La palabra que nos alcanza es siempre el fenómeno de estar en el camino. Ellos regresaron a Jerusalén, lugar de peligro y hostilidad. Se preparaba la expansión global de su gloria. Esta sería lanzada con los discípulos desde un lugar peligroso: Jerusalén. Nada pudo detener la obediencia y el gozo de entender la gran visión del Señor. “Para dejar de caminar con pasos torpes, es necesaria una chispa, una sacudida que cambie el ritmo de los latidos del corazón” 

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


martes, 8 de septiembre de 2026

El signo de la palabra y el pan

Partir el pan

“Luego, estando con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció”, Lc 24:30-31 

Jesús fue reconocido no precisamente por abrir un libro, sino en el acto de partir el pan. Es un pan que despierta los sentidos y nuestro entendimiento. Es un don que se recibe con los ojos.

Nuestra distancia con el Señor puede estar marcada por no saber ver y permanecer bajo el signo de la palabra y del pan. Después de haber acumulado tanto cansancio y recibir decepciones, siempre hay un pan partido que nos da nueva fuerza y confianza.

El sendero de la vida que el Señor nos muestra nos permite dejar atrás las caras largas, las lamentaciones, el desánimo, los suspiros, las frustraciones. “Me mostrarás el camino de la vida; me concederás la alegría de tu presencia y el placer de vivir contigo para siempre”, Sal 16:11.

El caminante misterioso que se une a los viajeros a Emaús enciende sus corazones con una palabra y luego lo reconocen al partir el pan. La resurrección es una fuerza que transforma la realidad. “Los dos, por su parte, contaron lo que les había sucedido en el camino, y cómo habían reconocido a Jesús cuando partió el pan”, Lc 24:35.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


No podemos privatizar la misión porque es la misión de Dios.

Alcanzar lo que esta delante

“Al acercarse al pueblo adonde se dirigían, Jesús hizo como que iba más lejos. Pero ellos insistieron: —Quédate con nosotros, que está atardeciendo; ya es casi de noche. Así que entró para quedarse con ellos”, Lc 24:28-29

La invitación a que se quede con nosotros será nuestra oportunidad para comprender y abrir los ojos. No podemos detenerlo y llevarlo hacia atrás. Jesús seguirá andando por el camino, se adelantará, va más lejos y nos espera más allá. 

Él debe lanzarse hacia delante y nosotros con él. Nos espera en la cita de lo imprevisible, exige la prueba de la atención, está presente en la mesa de la común humanidad y nosotros tenemos que reconocerlo. No podemos privatizar la misión porque es la misión de Dios. 

Es inútil retener a Jesús por donde Él quiere caminar. Tampoco podemos detener a los que siguen sus caminos. “Quien quiera servirme debe seguirme; y donde yo esté, allí también estará mi siervo. A quien me sirva, mi Padre lo honrará”, Jn 12:26.

“Jesús volvió a hablarle a la gente: —Yo soy la luz que alumbra a todos los que viven en este mundo. Síganme y no caminarán en la oscuridad, pues tendrán la luz que les da vida”, Jn 8:12. “Que el Señor les guíe el corazón a un entendimiento total y a una expresión plena del amor de Dios, y a la perseverancia con paciencia que proviene de Cristo”, 2 Ts 3:5

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


lunes, 7 de septiembre de 2026

Todo es cosa de apasionados y estar enamorados

Comenzando a entender

"—¡Qué torpes son ustedes —les dijo—, y qué tardos de corazón para creer todo lo que han dicho los profetas! ¿Acaso no tenía que sufrir el Cristo estas cosas antes de entrar en su gloria? Entonces, comenzando por Moisés y por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras", Lc 24:25-27

Jesús nos lleva al principio para hacernos descubrir el verdadero sentido de todas las cosas. Es necesario ser aprendices del evangelio. No se trata de tener respuestas cerradas o preparadas. Se trata de tener una nueva mirada y el corazón preparado. Es ir al evangelio con alegría y descubrir un río de agua viva.

Se trata de pensar, profundizar y respirar aire puro. Es necesario dejarnos abordar por su Espíritu y su palabra, que haga saltar una chispa que encienda la vida, que renueve algo dentro nuestro y el camino a seguir se vea como una aventura que alegra el corazón.

Todo es cosa de apasionados y estar enamorados. Jesús nos acompaña y ora por nosotros: "Hazlos santos con tu verdad; enséñales tu palabra, la cual es verdad. Así como tú me enviaste al mundo, yo los envío al mundo. Y me entrego por ellos como un sacrificio santo, para que tu verdad pueda hacerlos santos.”, Jn 17:17-19.

Tengamos el coraje de arriesgar el corazón y encender la vida.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


domingo, 6 de septiembre de 2026

Volvamos a lo que Jesús espera de nosotros

Lo que esperábamos...

“Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel. Pero ya hace tres días que murió”, Lc 24:21

Como ellos nosotros tenemos necesidad de desahogarnos, de compartir las desilusiones, porque nosotros esperábamos… ¿Qué esperabas? ¿Qué es lo que esperábamos? 

Esperábamos lo mejor, pero no pudo ser ... Cada uno de nosotros puede escribir su propia historia ... ¿Y Ahora qué?

Volvamos a lo que Jesús espera de nosotros. Es no claudicar y volver atrás. “Nosotros no somos de los que retroceden”. Es amar, sostener la esperanza, la fe y el amor.

“El amor no hace mal a otros, por eso el amor cumple con las exigencias de la ley de Dios”. Es mirar al Señor y seguir su caminar.

“Jesús nos dice: —Entonces cuida de mis seguidores, pues son como ovejas.”

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


viernes, 4 de septiembre de 2026

Un corazón apagado necesita nuevamente escuchar las palabras de Jesús

Reconociendo la luz

“Mientras conversaban y hablaban, de pronto Jesús mismo se apareció y comenzó a caminar con ellos”, Lc 24:15

Algunas veces perdemos la capacidad de darnos cuenta de que Jesús camina con nosotros. Esto le paso a dos de sus discípulos en su camino hacia Emaús.

Hay veces que no lo reconocemos a causa de nuestro cansancio y desorientación. Es como si conociéramos demasiado nuestra oscuridad como para darnos cuenta en lograr reconocer la luz. Nuestra esperanza a veces tiene poco aguante y una esperanza de poco aguante no es esperanza. No siempre lo que queremos aparece cuando lo pedimos.

Nos cuesta esperar y sufrir en silencio. Es necesario caminar y escuchar. Necesitamos ver mas allá. Cuando la soledad nos rodea hay alguien que esta empeñado en caminar con nosotros. En medio del camino Jesús se sienta a la mesa, toma el pan, lo bendice y nos da el alimento necesario para que se nos abran los ojos.

Un corazón apagado necesita nuevamente escuchar las palabras de Jesús. Es ahí donde todo vuelve a comenzar y el corazón comienza a encenderse. La oscuridad se transforma en luz, el desánimo en una pasión incontenible y el cansancio en una fuerza que nos permite lograr lo imposible. Solo Jesús, solo él y nada más. Respira la vida: “El Señor ha resucitado”.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


jueves, 3 de septiembre de 2026

La misión es una consecuencia lógica de la instalación de Jesús como soberano Señor del universo

Una autoridad universal

"Jesús se acercó a los discípulos y les dijo: —Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra", Mt 28:18.

Después de la resurrección Jesús recibe toda autoridad en el cielo y en la tierra y por lo tanto aparece la extensión universal de su autoridad. “El crucificado se convierte en el Señor del cosmos”.

Esta declaración parece una contradicción a lo que sigue diciendo «Por tanto, vayan y hagan discípulos…» Mt 28:19. Si su soberanía ya se estableció y si Jesús tiene «toda autoridad en el cielo y en la tierra» ¿Porque es necesario ir a todo el mundo y persuadir a las naciones para que sigan a Jesús? ¿Qué sentido tiene tratar de hacer que su soberanía se manifieste aún más? ¿Implica que todavía Jesús no es el Señor universal? ¿Su soberanía tiene que ser ratificada por las naciones, reconociéndolo como Rey? ¿Sus seguidores tienen que hacerlo Señor, discipulando, bautizando y enseñando a las naciones? ¿Su reino se pone en duda?

Una palabra clave que pasa inadvertida nos da la respuesta: "por tanto" (vayan). ¿Qué significa "por tanto"? Muestra lo que está antes, el impulso de nuestro mandato. Vamos a todas las naciones porque hay una realidad anterior, algo que ocurrió, que Dios hizo. Jesús afirma su autoridad suprema porque Dios lo ha exaltado como el Rey prometido.

Es por medio de su autoridad y su reino que Dios va a bendecir a todas las naciones. Lo cierto es que si Jesús, en verdad, es Señor de todo, esta realidad tiene que ser proclamada. Es imposible quedarse callado ante semejante certeza. Y precisamente esto significa la misión: «la proclamación del señorío de Cristo»

La autoridad universal de Jesús nos trae un desafío profundo, "por tanto": «hagan discípulos». Jesús es el Rey que inaugura y posibilita una misión global. Su autoridad y dominio universal e ilimitado implica una respuesta igualmente universal e ilimitada de todos nosotros.” La misión es una consecuencia lógica de la instalación de Jesús como soberano Señor del universo." Finalmente, la gran motivación para proclamar esta verdad es su palabra final: “Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo" Mt 28:19-20

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox