domingo, 11 de octubre de 2026

Dios nos llama a los espacios sociales donde nos encontremos para compartir el evangelio

Predicando con valentía

“En Iconio Pablo y Bernabé fueron a la sinagoga judía y predicaron con tanto poder que un gran número de judíos y griegos se hicieron creyentes … Los apóstoles se quedaron allí por mucho tiempo, predicando con valentía … Entonces una turba de gentiles y judíos, junto con sus líderes, decidieron atacarlos y apedrearlos. Cuando los apóstoles se enteraron, huyeron a la región de Licaonia, a las ciudades de Listra y Derbe y sus alrededores. Y allí predicaron la Buena Noticia”, Hch 14:3-7

Los apóstoles después de ser expulsados de Antioquia de Pisidia fueron a Iconio una ciudad de Asia Menor bastante próspera. Ellos fueron a la sinagoga para proclamar el evangelio. Cuando muchos de ellos creyeron tanto judíos como prosélitos griegos se formó una nueva iglesia. A pesar de la oposición que encontraron en algunos sectores ellos se quedaron allí por mucho tiempo, predicando con valentía. El resultado final fue que hubo un complot entre gentiles y judíos para atacarlos y apedrearlos. Ellos debieron salir de la región y trasladarse a otras ciudades donde predicaron la Buena Noticia. 

El espacio social de ellos comenzaba en la sinagoga y al igual que nosotros Dios nos llama a los espacios sociales donde nos encontremos para compartir el evangelio. Dios nos desafía a compartir el evangelio entre los diversos públicos humanos con los que nos encontremos en el camino dejando los resultados en las manos del Señor de la misión. 

"Por esta razón, te recuerdo que avives el fuego del don espiritual que Dios te dio ... Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina. Así que nunca te avergüences de contarles a otros acerca de nuestro Señor, ni te avergüences de mí, …. Con las fuerzas que Dios te da prepárate para sufrir conmigo a causa de la Buena Noticia”, 2 Ti 1:6-8. 

“Predica la palabra de Dios. Mantente preparado, sea o no el tiempo oportuno. Corrige, reprende y anima a tu gente con paciencia y buena enseñanza”, 2 Ti 4:2

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


sábado, 10 de octubre de 2026

Palabras de Gracia y no de odio

Palabras de gracia

“En Iconio los apóstoles se quedaron allí por mucho tiempo, predicando con valentía acerca de la gracia del Señor. Y el Señor demostraba que el mensaje era verdadero al darles poder para hacer señales milagrosas y maravillas”, Hch 14:3

En un viaje de más 150 kilómetros Pablo y Bernabé llegan a Iconio desde Antioquía de Pisidia. Iconio era un ciudad grande y rica (hoy se llama Konya). Ellos predicaron con tanto poder que un gran número de judíos y griegos se hicieron creyentes, pero muchos rechazaron el mensaje y envenenaron la mente de los gentiles. 

La gente de la ciudad estaba dividida en cuanto a su opinión sobre ellos. Algunos estaban del lado de los judíos, y otros apoyaban a los apóstoles. Pablo y Bernabé predicaron sobre la gracia del Señor, pero la gracia de Dios es destructora de toda pretensión y privilegios humanos. Implica que cuando el Espíritu se derrama lo hace sobre quien desea o bien sobre la comunidad y no le pertenece a nadie en especial. Esto puede producir celos y envidia en determinados sectores jerárquicos motivados por tener el control sobre la gente y su reconocimiento.

Estas palabras de gracia para algunos pueden representar una amenaza. Nuestro desafío es que el mensaje del Señor siga siendo “palabra de gracia” y no de odio y venganza. “Y el Señor demostraba que el mensaje era verdadero al darles poder para hacer señales milagrosas y maravillas”

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


viernes, 9 de octubre de 2026

¿En qué casos podemos traicionar a Jesús? ¿Cómo se manifiesta prácticamente nuestro seguimiento?

El lado equivocado, Jn 5:11-18

En los pórticos que rodean el estanque de Betzatá o Betesda se congregaban enfermos de diversa índole atraídos por el supuesto valor medicinal de las aguas.

Jesús sanó a un hombre que llevaba treinta ocho años inválido diciéndole “Levántate, recoge tu camilla y anda” y la autoridad religiosa, social y política de ese entonces no se puso contenta con Jesús. Ellos le preguntaron al que había sido sanado “¿Quién es ese hombre que te dijo recoge tu camilla y anda? El que había sido sanado no tenía ni idea de quién era, porque Jesús se había escabullido entre la mucha gente que había en el lugar”

Para los fariseos cargar la camilla implicaba violar la prohibición de trabajar en el día de reposo. Jesús no quería que todo terminara allí: ni para el hombre que había sido sanado, ni para las autoridades. “Después de esto Jesús lo encontró en el templo y le dijo: -Mira ya has quedado sano. No vuelvas a pecar, no sea que te ocurra algo peor”. Juan nos relata dos cosas: la iniciativa de Jesús en provocar una confrontación con las autoridades, y su trabajo personal con el hombre sanado.

Las autoridades se habían desentendido del hombre sobre la base que su enfermedad era producto del pecado. No tenían que esforzarse por ayudar al enfermo, porque su teología les indicaba que merecía el castigo que sufría. Jesús sanó al inválido y rompió definitivamente con tal manera de pensar y actuar. Ahora bien, ¿Por qué le dijo no vuelvas a pecar?

En el templo, Jesús se acercó al hombre para llamarlo a no seguir tomando el lado equivocado. Este hombre no se atrevió a cuestionar la estrechez de los criterios oficiales por parte de las autoridades que lo habían abandonado, y dejó de lado la posibilidad de dar testimonio contra ellos. Finalmente le echó la culpa por violar la ley a un desconocido.

La “cosa peor” que podía pasarle sería perder su vida por traicionar a Jesús y esto sería la consecuencia de quedar en el lado equivocado del conflicto. El pecado de este hombre no es lo que hizo antes sino lo que hizo después.

“El hombre se fue e informó a las autoridades que Jesús era quien lo había sanado”. A sabiendas de la oposición de los religiosos, el hombre delató a Jesús y por esto las autoridades religiosas le perseguían pues hacía tales cosas en sábado, así que redoblaban sus esfuerzos para matarlo. Lamentablemente este hombre traicionó a Jesús.

El evangelio nos presenta el mismo desafío que tenían los lectores de aquel tiempo. A los “cristianos secretos” les costaba identificarse con Jesús debido a las circunstancias adversas o los posibles castigos. Quizás buscaban recibir los beneficios de Jesús sin identificarse públicamente con él.

¿En qué casos podemos traicionar a Jesús? ¿Cómo se manifiesta prácticamente nuestro seguimiento? ¿Suelo colocarme del lado correcto a favor de los que son tratados injustamente y no se respeta su dignidad?

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


jueves, 8 de octubre de 2026

La locura de la cruz

Servir la mesa

"Pues Jesús sabía quién lo iba a traicionar. A eso se refería cuando dijo: «No todos están limpios», Jn 13:11

Jesús lavo los pies de Judas. Jesús sabía quién era Judas, Jn. 2:25, 6:64,70. ¿Qué haríamos si alguno de nosotros tuviese en su grupo a una persona como Judas?

Judas había oído el mensaje de Jesús pero eso no lo transformó. Es muy interesante cuando Pablo les habla a los Corintios sobre la locura de la cruz, 1 Co. 1:23, 25. Exponerse y quedar vulnerable ante el enemigo es realmente una locura. Sin embargo Jesús lavó los pies de Judas. Responder cabalmente al ejemplo de Jesús en lavar los pies de todos implica abandonar el derecho de elegir a quien quiero servir.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


¿Se defiende el derecho de unos y se viola el derecho de otros?

Los pobres, las autoridades y el poder

“Levántate, recoge tu camilla y anda…”, Jn 5:8

Nos encontramos en la celebración de una fiesta de los judíos. Jesús se encuentra con un hombre inválido que llevaba enfermo treinta y ocho años. Jesús toma la iniciativa y le pregunta: ¿Quieres quedar sano? Su respuesta fue: “No tengo a nadie que me meta en el estanque mientras se agita el agua y cuando trato de hacerlo otro se mete antes”. Este hombre muestra la falta de acompañamiento y solidaridad de los demás: Indica su limitación y el tema no es la Fe. Lo único que le hacía falta era la compasión humana, la comunión y la solidaridad.

Jesús sana a este hombre en un día muy particular. Eligio el día sábado para darle sanidad. Viola la ley permitiendo al inválido llevar su camilla. Es un acto confrontativo. Jesús decide centrarse en la Justicia, Misericordia y Humildad. Las autoridades están centradas en la ley, normas, estructura y poder. Treinta y ocho años sin usar sus piernas, pero observaban que en el día de reposo este hombre no tenía derecho según las autoridades.

La clave en la dirigencia era ejercitar el derecho a la autoridad. Lo importante no era la restauración de la persona sino observar que no guardaba las normas establecidas. El hombre marginado fue invisible hasta que violo la ley. La autoridad religiosa, social y política de ese entonces no se puso contenta con Jesús. Las autoridades en vez de escuchar la voz de Dios decidieron eliminarla.

Seguir el modelo de Jesús es muy arriesgado. Seguir su ejemplo puede traernos problemas, pero el camino contrario sería traicionar a Jesús. Si queremos seguir y servir al Dios vivo no queda otro camino que identificarnos con Jesucristo.

En nuestros países se habla de democracia, la importancia en la distribución de la riqueza, el derecho y servicio a los pobres, la libertad, el bienestar, la justicia. Es un buen discurso, pero surge una pregunta: ¿Cómo es nuestra realidad? ¿Se defiende el derecho de unos y se viola el derecho de otros? ¿Qué pasa con los que tienen limitación o poco acceso a la salud, vivienda, educación y trabajo? Proverbios 31:8-9

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


martes, 6 de octubre de 2026

Mesas que dan esperanza

Paradigma

Jesús era una persona que estaba dando vuelta el orden social. "Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: —Señor, ¿tú me vas a lavar los pies a mí? Jesús contestó: —Ahora no entiendes lo que hago, pero algún día lo entenderás. —¡No! —protestó Pedro—. ¡Jamás me lavarás los pies! —Si no te lavo —respondió Jesús—, no vas a pertenecerme. —¡Entonces, lávame también las manos y la cabeza, Señor, no solo los pies! —exclamó Simón Pedro. Jesús respondió: —Una persona que se ha bañado bien no necesita lavarse más que los pies para estar completamente limpia. Y ustedes, discípulos, están limpios, aunque no todos.", Jn 13:6-10

El amor de Cristo trascendió las barreras de clase social. Esta actitud de Jesús produjo una reacción fuerte en Pedro. “¡No!, protestó Pedro jamás me lavaras los pies”. No podía soportar la idea de que Jesús se humillara de esa manera. Jesús estaba rompiendo con el paradigma de los honores y prestigio que solemos tener en nuestro medio. Pedro seguramente no se sentía digno. Tenía razón: no era digno de recibir esto, ninguno lo somos, pero no era una cuestión de mérito sino de Gracia.

Lo que nos cuesta entender es el mensaje central: Jesucristo sirve y da su vida por los pecadores. Su humillación lo engrandece una vez más y de aquí nace el modelo del Siervo, el modelo para ser discípulo. La reverencia del sistema actual o del mundo es diferente. Encuentra difícil hacer lo que el Señor hizo.

“¿Entienden lo que he hecho con ustedes?” “Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien porque lo soy”. Maestro cuya doctrina tenemos que aprender y Señor cuya voluntad debemos obedecer. Deja claro que su humildad no ignora quien y que es El. Su humildad es la de un Rey, la de un ser Divino. No solemos ver esto en nuestras mentes y rendirnos en adoración. Los modelos aprendidos muchas veces distorsionan nuestra comprensión - comportamiento.

Jesús muestra el modelo de mansedumbre, humildad, servicio y amabilidad fraternal. Es el modelo que recomienda para sus seguidores. “Les he puesto ejemplo para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes… ¿Entienden esto? Dichosos serán si lo ponen en práctica”, Jn 13:12-17

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


No tomar posición también tiene consecuencias. Cuando una fe evita nombrar la injusticia, el abuso o la desigualdad, no se mantiene al margen: deja intacto aquello que dice mirar con distancia.

Seguir a Jesús no consiste solo en tener convicciones correctas. También implica decidir desde dónde hablamos, qué defendemos, a quién escuchamos y qué estamos dispuestos a no normalizar. Porque el silencio sostenido frente a ciertos asuntos termina funcionando como respaldo.

La fe que no se posiciona termina legitimando lo que dice cuestionar.

 

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No tomar posición también tiene consecuencias. Cuando una fe evita nombrar la injusticia, el abuso o la desigualdad, no se mantiene al margen: deja intacto

Conocer nuestra identidad basada en el poder del amor es el principio para un servicio sano.

Jesús está sentado a la mesa cuando propone cambiar la lista de invitados.

En Lucas 14, acaba de cuestionar la búsqueda de los lugares de honor. Luego se dirige al anfitrión y le pide que no organice su hospitalidad pensando solamente en quienes pueden corresponderle. Pobres, lisiados, cojos y ciegos —personas relegadas en aquella sociedad— también deben ocupar un lugar en la mesa.

Jesús toca así una lógica que sigue presente: relacionarnos con quienes pueden devolvernos el favor, abrirnos una puerta, aumentar nuestro prestigio o invitarnos después. El Reino de Dios introduce otra manera de compartir: dar sin convertir al otro en deudor.

La mesa cristiana adquiere entonces una dimensión social. Importa quién puede sentarse, quién suele quedar fuera y si nuestra generosidad depende de recibir algo a cambio.

«Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos. Entonces serás dichoso pues, aunque ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de los justos.»

Jesús está sentado a la mesa cuando propone cambiar la lista de invitados.

En Lucas 14, acaba de cuestionar la búsqueda de los lugares de honor. Luego se dirige al anfitrión y le pide que no organice su hospitalidad pensando solamente en quienes pueden corresponderle. Pobres, lisiados, cojos y ciegos —personas relegadas en aquella sociedad— también deben ocupar un lugar en la mesa.

Jesús toca así una lógica que sigue presente: relacionarnos con quienes pueden devolvernos el favor, abrirnos una puerta, aumentar nuestro prestigio o invitarnos después. El Reino de Dios introduce otra manera de compartir: dar sin convertir al otro en deudor.

La mesa cristiana adquiere entonces una dimensión social. Importa quién puede sentarse, quién suele quedar fuera y si nuestra generosidad depende de recibir algo a cambio.

«Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos. Entonces serás dichoso pues, aunque ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de los justos.»

— Lucas 14:13-14
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#lucas141314 #reinodedios #hospitalidadcristiana

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Jesús está sentado a la mesa cuando propone cambiar la lista de invitados. En Lucas 14, acaba de cuestionar la búsqueda de los lugares de honor. Luego se dirige

lunes, 5 de octubre de 2026

Conocer nuestra identidad basada en el poder del amor es el principio para un servicio sano.

Identidad y poder

"Después comenzaron a discutir quién sería el más importante entre ellos", Lc 22:24

Jesús era alguien que conocía su identidad. Jesús les dijo: «En este mundo, los reyes y los grandes hombres tratan a su pueblo con prepotencia; sin embargo, son llamados “amigos del pueblo”. Pero entre ustedes será diferente. El más importante de ustedes deberá tomar el puesto más bajo, y el líder debe ser como un sirviente. ¿Quién es más importante: el que se sienta a la mesa o el que la sirve? El que se sienta a la mesa, por supuesto. ¡Pero en este caso no!, pues yo estoy entre ustedes como uno que sirve.", Lc 22:25-27

Jesus cuestiona nuestros valores y paradigmas. El Señor nos prepara una mesa donde el orden y las prioridades son diferentes a las nuestras. Se trata de una mesa diferente. Es la mesa del Reino de Dios donde el más importante es el que toma el puesto más bajo, es el que sirve

En nuestras comunidades hay mesas que no siempre reflejan los valores del reino de Dios. Se discute el orden, la jerarquía, el poder, la representación y control. A veces olvidamos la clave en ser siervos y lavar los pies de todos.

Lucas en su evangelio nos relata que los discípulos estaban dispuestos a pelearse por un trono pero no por una toalla. No era probable que alguno tome la toalla para lavar los pies de su compañero. Ellos preferían sentarse a comer sucios antes que estar limpios.

Jesús realizó algo impresionante. Se humilló. Lavó los pies de todos, Jn 13:1-17. Usó todo su poder para servir. Jesús sabía bien quien era y no necesitaba el poder para completar su identidad. No mal usó el poder y no lo manejó para sentirse importante o llenar un vacío en su vida. Podemos mal usar y abusar del poder cuando no sabemos realmente quienes somos, cual es nuestra identidad y a quien tenemos que ser semejante.

Conocer nuestra identidad basada en el poder del amor es el principio para un servicio sano.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


domingo, 4 de octubre de 2026

 «No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.» — Romanos 12:21 NVI

Cada 2 de octubre se conmemora el Día Internacional de la No Violencia. La fecha recuerda que rechazar la violencia no significa resignarse ante el mal, guardar silencio frente a la injusticia ni renunciar a transformar aquello que destruye la vida.
Pablo propone otra lógica: no reproducir aquello que enfrentamos. No permitir que el odio nos enseñe a odiar, que la agresión determine nuestra respuesta o que la violencia termine pareciéndonos inevitable.
«Vence el mal con el bien» no es una invitación a la pasividad. Es una forma exigente de resistencia: enfrentar el mal sin convertirnos en aquello que queremos combatir.
Porque también podemos derrotarnos cuando, intentando vencer el mal, terminamos usando sus mismas armas.
Ver menos

Los amó hasta el fin

Una mesa de amor

"Y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amo hasta el fin”, Jn 13:1

Este capítulo nos habla que se acercaba la fiesta de la Pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de abandonar este mundo para volver al Padre. Entonces se recluye para estar con su propia familia: Los discípulos. ¿Qué sentía en esa hora hacia los discípulos? El texto dice: los amó hasta el fin. 

Jesús era una persona que amaba. En su corazón encontró un lugar para su gente. Su mayor preocupación era seguir preparando a sus discípulos y pruebas futuras. No fue egoísta. No se quedó pensando en sus penas o la perspectiva del gozo posterior. Se resalta la constancia de Jesús. Jesús nos muestra un amor hasta el fin, aunque no todos lo amaron así.

El Padre había puesto todas las cosas bajo su dominio. Tenía el dominio completo, autoridad y poder. ¿Que hizo Jesús con este poder? Jesús realizo un acto sencillo y profundo: “así que se levantó de la mesa, se quitó el manto, y se ató una toalla a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y comenzó a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura”, Jn. 13: 4-5. 

Jesús hace una exposición dramatizada de la grandeza de su amor: ofreció su servicio a gente que no lo merecía, que lo abandonarían y también ofreció su servicio a una persona que se oponía. Demostró que el amor divino llega hasta las últimas consecuencias. Jesús era una persona que amaba. Los amó hasta el fin.

Que nuestras vidas, comunidades y mesas sea una constante de tener brazos abiertos al estilo de Jesús 

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


sábado, 3 de octubre de 2026

La misión no consiste en que todos tenemos que hacer lo mismo. Dios nos llama a estar en el camino, es riesgo y aventura

La misión, riesgo y aventura

“Jesús se acercó y dijo a sus discípulos: «Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por lo tanto, ...». Mt 28:18-20

Nelson Morales comenta que “La misión, en su sentido más profundo, no comienza en la iglesia. Comienza en Dios. El Padre envía al Hijo; el Padre y el Hijo envían al Espíritu; y ese mismo Dios trino envía a la iglesia al mundo. La iglesia no inventa la misión. Se incorpora a ella. No funda el proyecto: es llamada a servir dentro de algo que Dios ya está haciendo antes de nuestra planificación, nuestros presupuestos, nuestros eventos y nuestras estrategias.”

La misión no consiste en que todos tenemos que hacer lo mismo y permite que podamos sentarnos en una misma mesa con diferentes énfasis. No se trata de que unos hagan prevalecer su vocación sobre otros o descalificar, menospreciar, sino que los diferentes aportes puedan complementarse, valorar al otro, reconocerlo, aprender y vernos como parte del mismo cuerpo de Cristo. “Es el Espíritu Santo mismo el que hace todo esto, y el que decide qué capacidad darle a cada uno.”, 1 Co 12:11. “Pero Dios puso cada parte del cuerpo en donde quiso ponerla', 1 Co 12:18

Dios nos llama a estar en el camino, es riesgo y aventura. Se trata de un viaje que nos transforma junto a otros, Lc 10:1-12. El Señor nos llama en este tiempo a levantar nuestra mirada, confiar en sus promesas, sus recursos y cooperar unos con otros.

Una vez más les dijo: «La paz sea con ustedes. Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes», Jn 20:21

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


“La reconciliación”

Ofelia Ortega es teóloga cubana, pastora presbiteriana y una de las voces más importantes del protestantismo ecuménico latinoamericano. Fue la primera mujer ordenada en la Iglesia Presbiteriana-Reformada en Cuba y su trabajo ha estado marcado por la teología feminista, la reconciliación, la justicia y la vida de las comunidades.

La frase de esta publicación está tomada de su reflexión “La reconciliación”, donde Ofelia Ortega recuerda que la reconciliación no puede reducirse a un gesto sentimental ni a una paz aparente. En el texto, insiste en que la misión de Dios incluye reconciliar, pero también restaurar vínculos dañados, reconocer la verdad y devolver dignidad a quienes han sido heridos.
Ahí está la fuerza de esta frase. Muchas veces se habla del perdón como si bastara con pasar la página. Ortega no va por ese camino. Para ella, no hay reconciliación real si se ignora la justicia, si se silencia la verdad o si se deja intacto aquello que produjo el daño.
Su reflexión también toca la vida cotidiana: la familia, las iglesias, la sociedad, las relaciones entre pueblos. Reconciliar no es fingir que nada ocurrió. Es abrir un camino donde el perdón no encubra la herida, sino que haga posible una vida distinta.
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Memoria, espera y perseverancia

Memoria, espera y perseverancia: tres palabras para una fe que aprende del pasado, habita el presente y sigue caminando aun cuando los procesos toman tiempo.

La memoria nos ayuda a reconocer lo vivido, honrar la historia y evitar repetir aquello que hizo daño. La espera nos enseña que no todo puede resolverse de inmediato: también hay fe en sostener el tiempo con paciencia, atención y confianza. Y la perseverancia nos invita a continuar en el bien, la justicia y la fidelidad, incluso cuando los resultados aún no se ven.
Recordar no significa quedarse atrapado en el pasado. Esperar no es permanecer inmóvil. Perseverar tampoco es resistir por inercia. Las tres implican aprender a discernir, sostener la esperanza y seguir dando pasos cuando el camino se hace largo.
¿Cuál de estas tres palabras describe mejor el momento que estás viviendo?
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viernes, 2 de octubre de 2026

Jesús no se queda con sus límites nacionalistas sino los trasciende

Volcó las mesas

“Cuando llegaron de nuevo a Jerusalén, Jesús entró en el templo y comenzó a echar a los que compraban y vendían animales para los sacrificios. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, y les prohibió a todos que usaran el templo como un mercado. Les dijo: «Las Escrituras declaran: “Mi templo será llamado casa de oración para todas las naciones”, pero ustedes lo han convertido en una cueva de ladrones», Mc 11:15-18.

Hay mesas que contradicen los valores del Reino de Dios y simbolizan un juicio. El templo de Jerusalén se había profanado y corrompido. Se transformó en un mecanismo de opresión que explotaban a los pobres. Los mercaderes y cambistas se habían ubicado en el patio de los gentiles. Les habían quitado el lugar que tenían para adorar a Dios. Jesús les vuelca las mesas y los puestos. El hecho es que Jesús purifica el patio de los gentiles.

La acción de Jesús tuvo un carácter profético y social, promoviendo la dignidad, la justicia y la inclusión. El Señor valida la igualdad basada en el amor y la solidaridad. No sabemos cómo pudo imponer su voluntad en esa realidad histórica. Su intervención se vio como algo imperdonable. Una subversión de gran escala. Jesús justifica su intervención mediante la enseñanza que hace referencia a Isaías 56:7 ¿No está escrito: “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”?

Hace referencia a un reino inclusivo que Dios quiere instaurar. Su preocupación tiene que ver con todas las naciones, para todos los pueblos, a favor de todas las etnias. Jesús no se queda con sus límites nacionalistas sino los trasciende. Jesús nos muestra un camino a seguir.

Carlos Scott 

Foto Gilbert Lennox