La misión, riesgo y aventura
“Jesús se acercó y dijo a sus discípulos: «Se me ha dado
toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por lo tanto, ...». Mt 28:18-20
Nelson Morales comenta que “La misión, en su sentido más
profundo, no comienza en la iglesia. Comienza en Dios. El Padre envía al Hijo;
el Padre y el Hijo envían al Espíritu; y ese mismo Dios trino envía a la
iglesia al mundo. La iglesia no inventa la misión. Se incorpora a ella. No
funda el proyecto: es llamada a servir dentro de algo que Dios ya está haciendo
antes de nuestra planificación, nuestros presupuestos, nuestros eventos y
nuestras estrategias.”
La misión no consiste en que todos tenemos que hacer lo
mismo y permite que podamos sentarnos en una misma mesa con diferentes énfasis.
No se trata de que unos hagan prevalecer su vocación sobre otros o
descalificar, menospreciar, sino que los diferentes aportes puedan
complementarse, valorar al otro, reconocerlo, aprender y vernos como parte del
mismo cuerpo de Cristo. “Es el Espíritu Santo mismo el que hace todo esto, y el
que decide qué capacidad darle a cada uno.”, 1 Co 12:11. “Pero Dios puso cada parte
del cuerpo en donde quiso ponerla', 1 Co 12:18
Dios nos llama a estar en el camino, es riesgo y aventura.
Se trata de un viaje que nos transforma junto a otros, Lc 10:1-12. El Señor nos
llama en este tiempo a levantar nuestra mirada, confiar en sus promesas, sus
recursos y cooperar unos con otros.
Una vez más les dijo: «La paz sea con ustedes. Como el Padre
me envió a mí, así yo los envío a ustedes», Jn 20:21
Carlos
Scott
Foto Gilbert Lennox





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