martes, 29 de septiembre de 2026

Verdad, responsabilidad y consuelo: tres palabras para pensar una fe que mira la realidad de frente, reconoce sus consecuencias y aprende a acompañar el dolor.

Decir la verdad supone no encubrir el daño ni acomodar los hechos a nuestra conveniencia. La responsabilidad nos llama a reconocer tanto lo que hacemos como lo que dejamos de hacer, especialmente cuando nuestras decisiones afectan la vida de otros. Y el consuelo no consiste en ofrecer respuestas rápidas ni en pedirle a alguien que supere su dolor: es permanecer cerca, escuchar y ofrecer compañía sin negar la herida.
En nuestras relaciones y comunidades necesitamos practicar las tres. Reconocer nuestros errores, asumir las consecuencias de nuestros actos y acompañar a quienes han sido heridos también son expresiones concretas del Evangelio. La fe se hace visible en la manera en que tratamos a las personas, especialmente cuando las cosas no han salido bien.
¿Cuál de estas tres palabras necesitamos practicar mejor en nuestras comunidades de fe?
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Caminar con otros

Una misión compartida

“El único que está conmigo es Lucas. Marcos puede ayudarme mucho en mi trabajo, así que búscalo y tráelo contigo cuando vengas”, 2 Ti 4:11

Cuando hablamos de una misión compartida hacemos referencia a la importancia de caminar con otros. Caminar con otros implica abrir espacios, es comunión, compartir, reconocernos que somos el pueblo de Dios, un solo cuerpo

La misión compartida nos habla que siempre hay lugar en la mesa para uno más. Es una invitación amplia, solidaria, diversa e inclusiva. La mesa de Jesús da lugar a los excluidos y nadie tiene el monopolio en la misión. Harold Segura habla de “escuchar historias antes de formular respuestas. Permite disentir sin expulsar, reconocer heridas, matizar opiniones, confesar ignorancias y aprender de otros.” Nuestra fe es trinitaria y de relación

La comunión nos habla de compartir experiencias ya sea el sufrimiento, la alabanza, la persecución, privilegios, realidades. Compartir por medio del dar, donar, ser generosos. Hay relación en el ser y el hacer. Lo que compartimos primero es la fe y lo que sale de la comunión o Koinonia de la fe es la comunión o Koinonia de la obra. Se espera una salida practica y que esta tenga consecuencias concretas.

La comunión nos debe llevar a la misión y nuestro punto de partida es la misión de Dios. Pablo Davies expresa “Nuestra misión es compartir la suya. En Cristo no somos muchos individuos, en Cristo no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer. Tampoco hay rico o pobre, poderoso ni débil, somos uno en Cristo y estamos al servicio de la misión de Dios”

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


lunes, 28 de septiembre de 2026

Paz, reconciliación y cuidado: tres palabras que suelen sonar familiares, pero que exigen mucho más que buenas intenciones.

La paz no es solo ausencia de conflicto. También necesita justicia, dignidad, seguridad y condiciones reales para que la vida pueda florecer.
La reconciliación tampoco consiste en pasar por alto lo ocurrido. Requiere verdad, reconocimiento del daño y caminos concretos de reparación.
Y el cuidado vuelve todo eso cotidiano: prestar atención a la fragilidad, acompañar a las personas y comunidades, y asumir responsabilidad por la vida y la creación.
Tres palabras para pensar una fe que no evade las heridas, sino que busca restaurar, proteger y hacer posible una vida más plena.
¿Cuál de estas tres palabras te parece más urgente hoy?

Dios nos indica su generosidad para que sea la nuestra

La lógica del Reino

“Cuando Jesús vio que todos los invitados a la cena trataban de sentarse en los lugares de honor, cerca de la cabecera de la mesa, les dio el siguiente consejo: ... ocupa el lugar más humilde, al final de la mesa. Pues aquellos que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan a sí mismos serán exaltados». Luego Jesús se dirigió al anfitrión: «Cuando ofrezcas un almuerzo o des un banquete—le dijo—, no invites a tus amigos, hermanos, parientes y vecinos ricos. Pues ellos también te invitarán a ti, y esa será tu única recompensa. Al contrario, invita al pobre, al lisiado, al cojo y al ciego. Luego, en la resurrección de los justos, Dios te recompensará por invitar a los que no podían devolverte el favor». Lc 14:7-14

Jesús plantea como suelen ser nuestras motivaciones en diferentes circunstancias. Se buscan los lugares de honor y nos desafía a cambiar nuestro paradigma y corazón. “Pues aquellos que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan a sí mismos serán exaltados».

Harold Segura comenta “Allí quedan expuestos los intereses, los cálculos y los egoísmos de quienes se consideran naturalmente dignos de ocupar los lugares de honor. La lógica del Reino, sin embargo, altera esa forma de entender el valor humano. No se trata de prestigio acumulado, sino de humildad recibida. No se trata de asegurar el asiento propio, sino de abrir espacio para otros.”

Hay una invitación a mirar “al pobre, al lisiado, al cojo y al ciego.” Dios nos indica su generosidad para que sea la nuestra. Mirar por las necesidades no alcanzadas de los menos alcanzados. Hay una celebración que el Señor desea hacer, es su fiesta, debe continuar, queda espacio y hay lugar para todos. “Eso es la gracia: puertas abiertas, manos que reciben y una voz que llama a quienes siempre habían estado afuera.”

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


domingo, 27 de septiembre de 2026

La atención de Dios se refleja en el rostro de lo humano

Una vida humana

“Jesús se fue y entró en la sinagoga del lugar.  Allí había un hombre que tenía una mano tullida. Como los fariseos buscaban la manera de acusar de algo malo a Jesús, le preguntaron: —¿Permite nuestra ley sanar a una persona en el día de descanso? Jesús les respondió: —Si a uno de ustedes se le cayera una oveja en un pozo en el día de descanso, ¿la sacaría de allí? ¡Por supuesto que sí! ¡Pues una persona vale mucho más que una oveja! Por eso está permitido hacer el bien en el día de descanso. Luego Jesús le dijo al hombre que no podía mover la mano: «Extiende tu mano». El hombre la extendió, y la mano le quedó tan sana como la otra.  Entonces los fariseos salieron de la sinagoga y comenzaron a hacer planes para matar a Jesús, Mt 12:9-14

La atención de Dios se refleja en el rostro de lo humano y esto tiene la prioridad. Harold Segura comparte que “Donde Jesús está presente, hay espacio para la interrupción de lo humano: enfermedad, opresión social, angustia espiritual, exclusión, hambre, vergüenza o soledad. Lo que parecía una escena ceremonial se convierte en un lugar donde la misericordia de Dios altera el orden establecido.”

El dolor humano se hace presente de diferentes maneras y Jesús pone la vida en el centro. El centro no es una verdad conceptual o que explica el mal, sino una verdad encarnada.

“Al enterarse Jesús de lo que planeaban los fariseos, se fue de allí, y mucha gente lo siguió. Jesús sanó a todos los que estaban enfermos y les ordenó que no contaran a nadie nada acerca de él. Así se cumplió lo que Dios había dicho por medio del profeta Isaías: «¡Miren a mi elegido, al que he llamado a mi servicio! Yo lo amo mucho, y él me llena de alegría. Yo pondré en él mi Espíritu, y él anunciará mi justicia entre las naciones. No discutirá con nadie, ni gritará. ¡Nadie escuchará su voz en las calles! No les causará más daño a los que estén heridos, ni acabará de matar a los que estén agonizando. Al contrario, fortalecerá a los débiles y hará triunfar la justicia.  ¡Todas las personas del mundo confiarán en él!», Mt 12:15-21

Jesús siempre y en todo momento es nuestra Esperanza.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


sábado, 26 de septiembre de 2026

El Señor nos llama a una vida compartida, cara a cara, es rostro, nombre e historia

Sostener el encuentro

Harold Segura nos comenta que “nos cuesta sentarnos con quienes piensan distinto, escuchar sin preparar una respuesta inmediata, disentir sin romper la comunión y compartir la vida sin convertirla en competencia religiosa”

El Señor nos llama a una vida compartida, cara a cara, es rostro, nombre e historia. Es saber conversar y comer con otros, entrar en nuevos espacios. Es ver a un Dios generoso

“Jesús respondió con la siguiente historia: «Un hombre preparó una gran fiesta y envió muchas invitaciones. Cuando el banquete estuvo listo, envió a su sirviente a decirles a los invitados: “Vengan, el banquete está preparado”; pero todos comenzaron a poner excusas. Uno dijo: “Acabo de comprar un campo y debo ir a inspeccionarlo. Por favor, discúlpame”. Otro dijo: “Acabo de comprar cinco yuntas de bueyes y quiero ir a probarlas. Por favor, discúlpame”. Otro dijo: “Acabo de casarme, así que no puedo ir”. »El sirviente regresó y le informó a su amo lo que le habían dicho. Su amo se puso furioso y le dijo: “Ve rápido a las calles y callejones de la ciudad e invita a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”. Después de hacerlo, el sirviente informó: “Todavía queda lugar para más personas”. Entonces su amo dijo: “Ve por los senderos y detrás de los arbustos y a cualquiera que veas, insístele que venga para que la casa esté llena. Pues ninguno de mis primeros invitados probará ni una migaja de mi banquete”», Lc 14:16-24

La invitación de Jesús es para todos sin excepción, “invita a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”, camina por los senderos y llama a todas las personas sin importar su condición social. Es una mesa amplia y diversa. Su corazón es que la casa este llena.

Dios non invita nuevamente a sostener el encuentro con todos, los que le siguen y también con aquellos que dudan, sospechan y les cuesta aceptar la generosidad de Dios. El Señor se revela en espacios diversos y desde ese lugar se revela el Reino.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


viernes, 25 de septiembre de 2026

La mesa del Señor nos une como un solo cuerpo y esto representa un compromiso

Compromiso

“Aunque somos muchos, todos comemos de un mismo pan, con lo cual demostramos que somos un solo cuerpo”, 1 Co 10:17

La mesa del Señor nos une como un solo cuerpo y esto representa un compromiso. Todo se encamina hacia donde va la historia. “Después de esto vi a mucha gente de todos los países, y de todas las razas, idiomas y pueblos. ¡Eran tantos que nadie los podía contar! Estaban de pie, delante del trono y del Cordero, vestidos con ropas blancas. En sus manos llevaban ramas de palma, y gritaban con fuerte voz: «Nos ha salvado nuestro Dios, que está sentado en el trono, y también el Cordero.», Ap 7:9-10

Es una mesa para todas las personas de todos los pueblos, tribus, lenguas y naciones. Todos juntos entonarán un solo canto de adoración al Señor. David Cárdenas expresa “Es una mesa de justicia, reconciliación y gozo y nuestras mesas deben reflejar los valores del Reino de Dios”

Habrá una cena muy especial preparada por nuestro Dios y la mesa estará completa. “Entonces volví a oír algo que parecía el grito de una inmensa multitud o el rugido de enormes olas del mar o el estruendo de un potente trueno, que decían: «¡Alabado sea el Señor! Pues el Señor nuestro Dios, el Todopoderoso, reina. Alegrémonos y llenémonos de gozo y démosle honor a él, porque el tiempo ha llegado para la boda del Cordero, y su novia se ha preparado. A ella se le ha concedido vestirse del lino blanco y puro de la más alta calidad». Pues el lino de la más alta calidad representa las buenas acciones del pueblo santo de Dios. Y el ángel me dijo: «Escribe esto: “Benditos son los que están invitados a la cena de la boda del Cordero”». Y añadió: «Estas son palabras verdaderas que provienen de Dios», Ap 19:6-9.

Nuestro compromiso es escucharnos, valorarnos unos a otros y cooperar. Que nuestro Dios sea conocido y adorado, la gente bendecida y el mal derrotado por el avance del Reino de Dios “Y se predicará la Buena Noticia acerca del reino por todo el mundo, de manera que todas las naciones la oirán; y entonces vendrá el fin.”, Mt 24:14

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


Tres palabras

Justicia, misericordia y hospitalidad: tres palabras que atraviesan la Biblia y ayudan a nombrar una fe que se vuelve práctica.

La justicia reconoce la dignidad y los derechos de cada persona. La misericordia se deja afectar por la necesidad del otro y responde. La hospitalidad abre espacio para quien llega, especialmente para quien suele quedar fuera.
No son conceptos aislados. Juntas, estas palabras hablan de una manera concreta de vivir el Evangelio: reparar lo injusto, acercarse al dolor y hacer lugar.
Guarda estas definiciones y compártelas con alguien con quien quieras seguir pensando qué significa vivir la fe en lo cotidiano.
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jueves, 24 de septiembre de 2026

Dios nos llama a disfrutar de su presencia

Su gracia nos alcanza

“Invita al pobre, al lisiado, al cojo y al ciego.  Luego, en la resurrección de los justos, Dios te recompensará por invitar a los que no podían devolverte el favor».  Al oír esto, un hombre que estaba sentado a la mesa con Jesús exclamó: «¡Qué bendición será participar de un banquete en el reino de Dios!», Lc 14:13-15
Jesús incluía a quienes otros excluían y su mesa era un ambiente de consuelo y restauración. En el Reino de Dios hay una invitación a todos, Lc 5:29-32; 19:1-10. Sus encuentros implicaban la construcción de puentes de reconciliación. La mesa de Dios es amplia y generosa. David Cárdenas nos habla de llevar la invitación del Reino a quienes han sido olvidados en todo el mundo, aquí y allá.
La mesa del Señor esta abierta a la espontaneidad, a la expresión natural y fácil del pensamiento, los sentimientos, las emociones. “Cuando cierta mujer de mala vida que vivía en la ciudad se enteró de que Jesús estaba comiendo allí, llevó un hermoso frasco de alabastro lleno de un costoso perfume.  Llorando, se arrodilló detrás de él a sus pies. Sus lágrimas cayeron sobre los pies de Jesús, y ella los secó con sus cabellos. No cesaba de besarle los pies y les ponía perfume”, Lc 7:37-38-
Es una mesa donde encontramos perdón. “Entonces Jesús le dijo a la mujer: «Tus pecados son perdonados».  Los hombres que estaban sentados a la mesa se decían entre sí: «¿Quién es este hombre que anda perdonando pecados?». Y Jesús le dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado; ve en paz», Lc 7:48-50. Jesús nos muestra que su mesa es un espacio donde la historia de vida puede ser contada y el corazón es libre del pecado. Allí nacen la transformación y la restitución.
Dios nos llama a disfrutar de su presencia. Es encuentro, revelación, alegría, enciende el corazón, hay misión y su sacrificio debe ser recordado. Su mesa nos alimenta, nos revela a Cristo y nos muestra el camino de la misión.
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

Mesa

Mesa, comunidad y pertenencia: tres palabras para pensar cómo construimos nuestros vínculos y qué significa vivir la fe junto a otros.

La mesa es mucho más que un lugar para compartir alimentos. En la tradición bíblica también es espacio de encuentro, conversación y hospitalidad. Allí las diferencias pueden sentarse juntas y cada persona tiene algo que aportar.
La comunidad nace de esos vínculos y se fortalece cuando aprendemos a sostenernos mutuamente, compartir nuestras cargas y celebrar las alegrías de otros. La pertenencia, por su parte, se experimenta cuando sabemos que tenemos un lugar, que nuestra voz cuenta y que podemos participar sin renunciar a quienes somos.
Jesús compartió la mesa con personas de distintas procedencias y condiciones. Sus encuentros alrededor del alimento nos siguen invitando a revisar cómo entendemos la comunidad cristiana, a quiénes recibimos y cuánto espacio estamos dispuestos a hacer.
¿Qué hace que una comunidad sea un lugar al que realmente quieras volver?
Guarda estas definiciones y compártelas con alguien con quien hayas experimentado el valor de una mesa compartida.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

La mesa del Señor nos indica que somos un solo cuerpo y nos edificamos unos a otros

Banquete

“Entonces Jesús les dijo a los discípulos que sentaran a la gente en grupos sobre la hierba verde. Así que se sentaron en grupos de cincuenta y de cien. Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados, miró hacia el cielo y los bendijo. Luego, a medida que partía los panes en trozos, se los daba a sus discípulos para que los distribuyeran entre la gente. También dividió los pescados para que cada persona tuviera su porción. Todos comieron cuanto quisieron, y después los discípulos juntaron doce canastas con lo que sobró de pan y pescado. Un total de cinco mil hombres y sus familias se alimentaron”, Mc 6:39-44

La mesa del Señor es un lugar de encuentro donde Dios invita al ser humano a vivir en relación con Dios y los demás. Es un espacio de encuentro comunitario, de significado espiritual y misional. Alrededor de la mesa se construyen relaciones, se celebra la presencia del Señor y se extiende la invitación a formar parte del Reino de Dios. Hay un llamado a discernir juntos la palabra de Dios con humildad y participar en su misión con esperanza.

Hacer memoria en la mesa del Señor nos habla de un Dios que se entrega, que pone su vida al alcance de otros. Es un lugar donde Dios se da a conocer, hay revelación y nos alcanza con sus promesas

Nuestras mesas deben ser espacios de memoria que nos recuerda que Dios libera y redime a su pueblo, Ex 12:1-28. Dios también nos prepara una mesa en medio de la dificultad, Ex 16, 17:1-7, Nm 20:1-13, 1 Co 10:4, Sal 23:5. La provisión viene de la fidelidad de Dios y no de la autosuficiencia humana. Cuando la incertidumbre y los peligros nos amenazan, Dios nos protege y nos invita a su mesa. David Cárdenas expresa: “Debemos recordar de dónde venimos y que promesas nos sostienen”.

La mesa del Señor nos indica que somos un solo cuerpo y nos debemos unos a otros, 1 Co 10:16-17, Ro 12:5-6. Jesús es nuestro pan, nos une y es nuestro pastor. Hay espacio para descansar, renovar fuerzas, afirmar nuestra identidad y sentirnos seguros con su cuidado, Sal 23

“Al oír esto, un hombre que estaba sentado a la mesa con Jesús exclamó: «¡Qué bendición será participar de un banquete en el reino de Dios!», Lc 14:15

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox