martes, 6 de octubre de 2026

Mesas que dan esperanza

Paradigma

Jesús era una persona que estaba dando vuelta el orden social. "Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: —Señor, ¿tú me vas a lavar los pies a mí? Jesús contestó: —Ahora no entiendes lo que hago, pero algún día lo entenderás. —¡No! —protestó Pedro—. ¡Jamás me lavarás los pies! —Si no te lavo —respondió Jesús—, no vas a pertenecerme. —¡Entonces, lávame también las manos y la cabeza, Señor, no solo los pies! —exclamó Simón Pedro. Jesús respondió: —Una persona que se ha bañado bien no necesita lavarse más que los pies para estar completamente limpia. Y ustedes, discípulos, están limpios, aunque no todos.", Jn 13:6-10

El amor de Cristo trascendió las barreras de clase social. Esta actitud de Jesús produjo una reacción fuerte en Pedro. “¡No!, protestó Pedro jamás me lavaras los pies”. No podía soportar la idea de que Jesús se humillara de esa manera. Jesús estaba rompiendo con el paradigma de los honores y prestigio que solemos tener en nuestro medio. Pedro seguramente no se sentía digno. Tenía razón: no era digno de recibir esto, ninguno lo somos, pero no era una cuestión de mérito sino de Gracia.

Lo que nos cuesta entender es el mensaje central: Jesucristo sirve y da su vida por los pecadores. Su humillación lo engrandece una vez más y de aquí nace el modelo del Siervo, el modelo para ser discípulo. La reverencia del sistema actual o del mundo es diferente. Encuentra difícil hacer lo que el Señor hizo.

“¿Entienden lo que he hecho con ustedes?” “Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien porque lo soy”. Maestro cuya doctrina tenemos que aprender y Señor cuya voluntad debemos obedecer. Deja claro que su humildad no ignora quien y que es El. Su humildad es la de un Rey, la de un ser Divino. No solemos ver esto en nuestras mentes y rendirnos en adoración. Los modelos aprendidos muchas veces distorsionan nuestra comprensión - comportamiento.

Jesús muestra el modelo de mansedumbre, humildad, servicio y amabilidad fraternal. Es el modelo que recomienda para sus seguidores. “Les he puesto ejemplo para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes… ¿Entienden esto? Dichosos serán si lo ponen en práctica”, Jn 13:12-17

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


No tomar posición también tiene consecuencias. Cuando una fe evita nombrar la injusticia, el abuso o la desigualdad, no se mantiene al margen: deja intacto aquello que dice mirar con distancia.

Seguir a Jesús no consiste solo en tener convicciones correctas. También implica decidir desde dónde hablamos, qué defendemos, a quién escuchamos y qué estamos dispuestos a no normalizar. Porque el silencio sostenido frente a ciertos asuntos termina funcionando como respaldo.

La fe que no se posiciona termina legitimando lo que dice cuestionar.

 

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No tomar posición también tiene consecuencias. Cuando una fe evita nombrar la injusticia, el abuso o la desigualdad, no se mantiene al margen: deja intacto

Conocer nuestra identidad basada en el poder del amor es el principio para un servicio sano.

Jesús está sentado a la mesa cuando propone cambiar la lista de invitados.

En Lucas 14, acaba de cuestionar la búsqueda de los lugares de honor. Luego se dirige al anfitrión y le pide que no organice su hospitalidad pensando solamente en quienes pueden corresponderle. Pobres, lisiados, cojos y ciegos —personas relegadas en aquella sociedad— también deben ocupar un lugar en la mesa.

Jesús toca así una lógica que sigue presente: relacionarnos con quienes pueden devolvernos el favor, abrirnos una puerta, aumentar nuestro prestigio o invitarnos después. El Reino de Dios introduce otra manera de compartir: dar sin convertir al otro en deudor.

La mesa cristiana adquiere entonces una dimensión social. Importa quién puede sentarse, quién suele quedar fuera y si nuestra generosidad depende de recibir algo a cambio.

«Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos. Entonces serás dichoso pues, aunque ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de los justos.»

Jesús está sentado a la mesa cuando propone cambiar la lista de invitados.

En Lucas 14, acaba de cuestionar la búsqueda de los lugares de honor. Luego se dirige al anfitrión y le pide que no organice su hospitalidad pensando solamente en quienes pueden corresponderle. Pobres, lisiados, cojos y ciegos —personas relegadas en aquella sociedad— también deben ocupar un lugar en la mesa.

Jesús toca así una lógica que sigue presente: relacionarnos con quienes pueden devolvernos el favor, abrirnos una puerta, aumentar nuestro prestigio o invitarnos después. El Reino de Dios introduce otra manera de compartir: dar sin convertir al otro en deudor.

La mesa cristiana adquiere entonces una dimensión social. Importa quién puede sentarse, quién suele quedar fuera y si nuestra generosidad depende de recibir algo a cambio.

«Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos. Entonces serás dichoso pues, aunque ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de los justos.»

— Lucas 14:13-14
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#lucas141314 #reinodedios #hospitalidadcristiana

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Jesús está sentado a la mesa cuando propone cambiar la lista de invitados. En Lucas 14, acaba de cuestionar la búsqueda de los lugares de honor. Luego se dirige

lunes, 5 de octubre de 2026

Conocer nuestra identidad basada en el poder del amor es el principio para un servicio sano.

Identidad y poder

"Después comenzaron a discutir quién sería el más importante entre ellos", Lc 22:24

Jesús era alguien que conocía su identidad. Jesús les dijo: «En este mundo, los reyes y los grandes hombres tratan a su pueblo con prepotencia; sin embargo, son llamados “amigos del pueblo”. Pero entre ustedes será diferente. El más importante de ustedes deberá tomar el puesto más bajo, y el líder debe ser como un sirviente. ¿Quién es más importante: el que se sienta a la mesa o el que la sirve? El que se sienta a la mesa, por supuesto. ¡Pero en este caso no!, pues yo estoy entre ustedes como uno que sirve.", Lc 22:25-27

Jesus cuestiona nuestros valores y paradigmas. El Señor nos prepara una mesa donde el orden y las prioridades son diferentes a las nuestras. Se trata de una mesa diferente. Es la mesa del Reino de Dios donde el más importante es el que toma el puesto más bajo, es el que sirve

En nuestras comunidades hay mesas que no siempre reflejan los valores del reino de Dios. Se discute el orden, la jerarquía, el poder, la representación y control. A veces olvidamos la clave en ser siervos y lavar los pies de todos.

Lucas en su evangelio nos relata que los discípulos estaban dispuestos a pelearse por un trono pero no por una toalla. No era probable que alguno tome la toalla para lavar los pies de su compañero. Ellos preferían sentarse a comer sucios antes que estar limpios.

Jesús realizó algo impresionante. Se humilló. Lavó los pies de todos, Jn 13:1-17. Usó todo su poder para servir. Jesús sabía bien quien era y no necesitaba el poder para completar su identidad. No mal usó el poder y no lo manejó para sentirse importante o llenar un vacío en su vida. Podemos mal usar y abusar del poder cuando no sabemos realmente quienes somos, cual es nuestra identidad y a quien tenemos que ser semejante.

Conocer nuestra identidad basada en el poder del amor es el principio para un servicio sano.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


domingo, 4 de octubre de 2026

 «No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.» — Romanos 12:21 NVI

Cada 2 de octubre se conmemora el Día Internacional de la No Violencia. La fecha recuerda que rechazar la violencia no significa resignarse ante el mal, guardar silencio frente a la injusticia ni renunciar a transformar aquello que destruye la vida.
Pablo propone otra lógica: no reproducir aquello que enfrentamos. No permitir que el odio nos enseñe a odiar, que la agresión determine nuestra respuesta o que la violencia termine pareciéndonos inevitable.
«Vence el mal con el bien» no es una invitación a la pasividad. Es una forma exigente de resistencia: enfrentar el mal sin convertirnos en aquello que queremos combatir.
Porque también podemos derrotarnos cuando, intentando vencer el mal, terminamos usando sus mismas armas.
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Los amó hasta el fin

Una mesa de amor

"Y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amo hasta el fin”, Jn 13:1

Este capítulo nos habla que se acercaba la fiesta de la Pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de abandonar este mundo para volver al Padre. Entonces se recluye para estar con su propia familia: Los discípulos. ¿Qué sentía en esa hora hacia los discípulos? El texto dice: los amó hasta el fin. 

Jesús era una persona que amaba. En su corazón encontró un lugar para su gente. Su mayor preocupación era seguir preparando a sus discípulos y pruebas futuras. No fue egoísta. No se quedó pensando en sus penas o la perspectiva del gozo posterior. Se resalta la constancia de Jesús. Jesús nos muestra un amor hasta el fin, aunque no todos lo amaron así.

El Padre había puesto todas las cosas bajo su dominio. Tenía el dominio completo, autoridad y poder. ¿Que hizo Jesús con este poder? Jesús realizo un acto sencillo y profundo: “así que se levantó de la mesa, se quitó el manto, y se ató una toalla a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y comenzó a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura”, Jn. 13: 4-5. 

Jesús hace una exposición dramatizada de la grandeza de su amor: ofreció su servicio a gente que no lo merecía, que lo abandonarían y también ofreció su servicio a una persona que se oponía. Demostró que el amor divino llega hasta las últimas consecuencias. Jesús era una persona que amaba. Los amó hasta el fin.

Que nuestras vidas, comunidades y mesas sea una constante de tener brazos abiertos al estilo de Jesús 

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


sábado, 3 de octubre de 2026

La misión no consiste en que todos tenemos que hacer lo mismo. Dios nos llama a estar en el camino, es riesgo y aventura

La misión, riesgo y aventura

“Jesús se acercó y dijo a sus discípulos: «Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por lo tanto, ...». Mt 28:18-20

Nelson Morales comenta que “La misión, en su sentido más profundo, no comienza en la iglesia. Comienza en Dios. El Padre envía al Hijo; el Padre y el Hijo envían al Espíritu; y ese mismo Dios trino envía a la iglesia al mundo. La iglesia no inventa la misión. Se incorpora a ella. No funda el proyecto: es llamada a servir dentro de algo que Dios ya está haciendo antes de nuestra planificación, nuestros presupuestos, nuestros eventos y nuestras estrategias.”

La misión no consiste en que todos tenemos que hacer lo mismo y permite que podamos sentarnos en una misma mesa con diferentes énfasis. No se trata de que unos hagan prevalecer su vocación sobre otros o descalificar, menospreciar, sino que los diferentes aportes puedan complementarse, valorar al otro, reconocerlo, aprender y vernos como parte del mismo cuerpo de Cristo. “Es el Espíritu Santo mismo el que hace todo esto, y el que decide qué capacidad darle a cada uno.”, 1 Co 12:11. “Pero Dios puso cada parte del cuerpo en donde quiso ponerla', 1 Co 12:18

Dios nos llama a estar en el camino, es riesgo y aventura. Se trata de un viaje que nos transforma junto a otros, Lc 10:1-12. El Señor nos llama en este tiempo a levantar nuestra mirada, confiar en sus promesas, sus recursos y cooperar unos con otros.

Una vez más les dijo: «La paz sea con ustedes. Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes», Jn 20:21

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


“La reconciliación”

Ofelia Ortega es teóloga cubana, pastora presbiteriana y una de las voces más importantes del protestantismo ecuménico latinoamericano. Fue la primera mujer ordenada en la Iglesia Presbiteriana-Reformada en Cuba y su trabajo ha estado marcado por la teología feminista, la reconciliación, la justicia y la vida de las comunidades.

La frase de esta publicación está tomada de su reflexión “La reconciliación”, donde Ofelia Ortega recuerda que la reconciliación no puede reducirse a un gesto sentimental ni a una paz aparente. En el texto, insiste en que la misión de Dios incluye reconciliar, pero también restaurar vínculos dañados, reconocer la verdad y devolver dignidad a quienes han sido heridos.
Ahí está la fuerza de esta frase. Muchas veces se habla del perdón como si bastara con pasar la página. Ortega no va por ese camino. Para ella, no hay reconciliación real si se ignora la justicia, si se silencia la verdad o si se deja intacto aquello que produjo el daño.
Su reflexión también toca la vida cotidiana: la familia, las iglesias, la sociedad, las relaciones entre pueblos. Reconciliar no es fingir que nada ocurrió. Es abrir un camino donde el perdón no encubra la herida, sino que haga posible una vida distinta.
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Memoria, espera y perseverancia

Memoria, espera y perseverancia: tres palabras para una fe que aprende del pasado, habita el presente y sigue caminando aun cuando los procesos toman tiempo.

La memoria nos ayuda a reconocer lo vivido, honrar la historia y evitar repetir aquello que hizo daño. La espera nos enseña que no todo puede resolverse de inmediato: también hay fe en sostener el tiempo con paciencia, atención y confianza. Y la perseverancia nos invita a continuar en el bien, la justicia y la fidelidad, incluso cuando los resultados aún no se ven.
Recordar no significa quedarse atrapado en el pasado. Esperar no es permanecer inmóvil. Perseverar tampoco es resistir por inercia. Las tres implican aprender a discernir, sostener la esperanza y seguir dando pasos cuando el camino se hace largo.
¿Cuál de estas tres palabras describe mejor el momento que estás viviendo?
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viernes, 2 de octubre de 2026

Jesús no se queda con sus límites nacionalistas sino los trasciende

Volcó las mesas

“Cuando llegaron de nuevo a Jerusalén, Jesús entró en el templo y comenzó a echar a los que compraban y vendían animales para los sacrificios. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, y les prohibió a todos que usaran el templo como un mercado. Les dijo: «Las Escrituras declaran: “Mi templo será llamado casa de oración para todas las naciones”, pero ustedes lo han convertido en una cueva de ladrones», Mc 11:15-18.

Hay mesas que contradicen los valores del Reino de Dios y simbolizan un juicio. El templo de Jerusalén se había profanado y corrompido. Se transformó en un mecanismo de opresión que explotaban a los pobres. Los mercaderes y cambistas se habían ubicado en el patio de los gentiles. Les habían quitado el lugar que tenían para adorar a Dios. Jesús les vuelca las mesas y los puestos. El hecho es que Jesús purifica el patio de los gentiles.

La acción de Jesús tuvo un carácter profético y social, promoviendo la dignidad, la justicia y la inclusión. El Señor valida la igualdad basada en el amor y la solidaridad. No sabemos cómo pudo imponer su voluntad en esa realidad histórica. Su intervención se vio como algo imperdonable. Una subversión de gran escala. Jesús justifica su intervención mediante la enseñanza que hace referencia a Isaías 56:7 ¿No está escrito: “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”?

Hace referencia a un reino inclusivo que Dios quiere instaurar. Su preocupación tiene que ver con todas las naciones, para todos los pueblos, a favor de todas las etnias. Jesús no se queda con sus límites nacionalistas sino los trasciende. Jesús nos muestra un camino a seguir.

Carlos Scott 

Foto Gilbert Lennox


jueves, 1 de octubre de 2026

Salir del espacio litúrgico y del poder de convocatoria

Sentarnos con todos

“Al contrario, invita al pobre, al lisiado, al cojo y al ciego”, Lc 14:13 «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres. Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad, y que ha llegado el tiempo del favor del Señor», Lc 4:18-19
Jesús suele darnos vuelta las prioridades y el orden de los que se sientan a la mesa. Los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos están invitados y por lo general son los que no pueden devolver una invitación. Todo esto nos muestra una práctica concreta. Miguel Reyes comenta que “la mesa que convoca Jesús no es la mesa del éxito ni la del reconocimiento. Es la mesa del servicio sin retorno.”
Pueden existir comunidades enteras en sus territorios que esperan una presencia que no llega. Cuando vemos la vida de Jesús descubrimos su intencionalidad en compartir la mesa con todos: Quiero pasar. Quiero entrar. Quiero cenar contigo. Jesús nos enseña en ir donde otros no van y compartir donde otros no quieren hacerlo, Lc 19:1-10.
El Señor se define como el camino y nos espera en otro lugar. Nos desafía en salir del mantenimiento para enfocarnos en su misión. Es salir del espacio litúrgico y del poder de convocatoria. “Significa abrir la mesa de la casa a quien llega, sin condiciones previas.” Es movernos de todos lados hacia todas partes para compartir a Jesús que es el pan de Vida
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Servir el pan a los que están debajo de la mesa

Debajo de la mesa

"Una mujer que tenía una niña poseída por un espíritu maligno fue y se arrojó a sus pies. Esta mujer era extranjera, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba a Jesús que expulsara al demonio que tenía su hija," Mc 7:24-26.  Esta mujer exclamo: “hasta los perros comen debajo de la mesa las migajas que dejan los hijos”, Mc 7:28. ¿No puedo comer lo que los hijos arrojan al piso?"

Nos encontramos con una mujer que ha sido marginada por su condición de extranjera. Ella percibe que no puede compartir la misma mesa de Jesús. Encima de la mesa está el pan que es el evangelio para todos los pueblos y etnias, pero puede ser desvirtuado cuando solo caen algunas migajas. La mujer se vuelve voz de los marginados. ¿No puedo comer lo que los hijos arrojan al piso?"

“Jesús le dijo: Por haberme respondido así, puedes irte tranquila; el demonio ha salido de tu hija”, Mc 7:29. Jesús encuentra una fe verdadera en la periferia y muy distante de lo que esperaba de los hijos verdaderos, Ro 9:25, Mt 21:43. Se fundamenta la misión universal de Dios, Ef. 2:14, Ga 3:26-28. 

Somos desafiados a imitar a Jesús y servir el pan a los que están debajo de la mesa. Jesús es el pan de vida para todos los pueblos y todas las etnias

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


martes, 29 de septiembre de 2026

Verdad, responsabilidad y consuelo: tres palabras para pensar una fe que mira la realidad de frente, reconoce sus consecuencias y aprende a acompañar el dolor.

Decir la verdad supone no encubrir el daño ni acomodar los hechos a nuestra conveniencia. La responsabilidad nos llama a reconocer tanto lo que hacemos como lo que dejamos de hacer, especialmente cuando nuestras decisiones afectan la vida de otros. Y el consuelo no consiste en ofrecer respuestas rápidas ni en pedirle a alguien que supere su dolor: es permanecer cerca, escuchar y ofrecer compañía sin negar la herida.
En nuestras relaciones y comunidades necesitamos practicar las tres. Reconocer nuestros errores, asumir las consecuencias de nuestros actos y acompañar a quienes han sido heridos también son expresiones concretas del Evangelio. La fe se hace visible en la manera en que tratamos a las personas, especialmente cuando las cosas no han salido bien.
¿Cuál de estas tres palabras necesitamos practicar mejor en nuestras comunidades de fe?
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