¿Por qué hacen esto?
Mision Local y Global (GloCal)
Ver a las iglesias locales llevando todo el evangelio a todo el mundo
lunes, 12 de octubre de 2026
¡Nosotros somos simples seres humanos, tal como ustedes!
domingo, 11 de octubre de 2026
Dios nos llama a los espacios sociales donde nos encontremos para compartir el evangelio
Predicando con valentía
“En Iconio Pablo y Bernabé fueron a la sinagoga judía y
predicaron con tanto poder que un gran número de judíos y griegos se hicieron
creyentes … Los apóstoles se quedaron allí por mucho tiempo, predicando con
valentía … Entonces una turba de gentiles y judíos, junto con sus líderes,
decidieron atacarlos y apedrearlos. Cuando los apóstoles se enteraron,
huyeron a la región de Licaonia, a las ciudades de Listra y Derbe y sus
alrededores. Y allí predicaron la Buena Noticia”, Hch 14:3-7
Los apóstoles después de ser expulsados de Antioquia de
Pisidia fueron a Iconio una ciudad de Asia Menor bastante próspera. Ellos
fueron a la sinagoga para proclamar el evangelio. Cuando muchos de ellos
creyeron tanto judíos como prosélitos griegos se formó una nueva
iglesia. A pesar de la oposición que encontraron en algunos sectores ellos
se quedaron allí por mucho tiempo, predicando con valentía. El resultado final
fue que hubo un complot entre gentiles y judíos para atacarlos y apedrearlos.
Ellos debieron salir de la región y trasladarse a otras ciudades donde
predicaron la Buena Noticia.
El espacio social de ellos comenzaba en la sinagoga y al
igual que nosotros Dios nos llama a los espacios sociales donde nos encontremos
para compartir el evangelio. Dios nos desafía a compartir el evangelio entre
los diversos públicos humanos con los que nos encontremos en el camino dejando
los resultados en las manos del Señor de la misión.
"Por esta razón, te recuerdo que avives el fuego del
don espiritual que Dios te dio ... Pues Dios no nos ha dado un espíritu de
temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina. Así que nunca te
avergüences de contarles a otros acerca de nuestro Señor, ni te avergüences de
mí, …. Con las fuerzas que Dios te da prepárate para sufrir conmigo a causa de
la Buena Noticia”, 2 Ti 1:6-8.
“Predica la palabra de Dios. Mantente preparado, sea o no el
tiempo oportuno. Corrige, reprende y anima a tu gente con paciencia y buena
enseñanza”, 2 Ti 4:2
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox
sábado, 10 de octubre de 2026
Palabras de Gracia y no de odio
Palabras de gracia
“En Iconio los apóstoles se quedaron allí por mucho tiempo, predicando con valentía acerca de la gracia del Señor. Y el Señor demostraba que el mensaje era verdadero al darles poder para hacer señales milagrosas y maravillas”, Hch 14:3
En un viaje de más 150 kilómetros Pablo y Bernabé llegan a Iconio desde Antioquía de Pisidia. Iconio era un ciudad grande y rica (hoy se llama Konya). Ellos predicaron con tanto poder que un gran número de judíos y griegos se hicieron creyentes, pero muchos rechazaron el mensaje y envenenaron la mente de los gentiles.
La gente de la ciudad estaba dividida en cuanto a su opinión sobre ellos. Algunos estaban del lado de los judíos, y otros apoyaban a los apóstoles. Pablo y Bernabé predicaron sobre la gracia del Señor, pero la gracia de Dios es destructora de toda pretensión y privilegios humanos. Implica que cuando el Espíritu se derrama lo hace sobre quien desea o bien sobre la comunidad y no le pertenece a nadie en especial. Esto puede producir celos y envidia en determinados sectores jerárquicos motivados por tener el control sobre la gente y su reconocimiento.
Estas palabras de gracia para algunos pueden representar una amenaza. Nuestro desafío es que el mensaje del Señor siga siendo “palabra de gracia” y no de odio y venganza. “Y el Señor demostraba que el mensaje era verdadero al darles poder para hacer señales milagrosas y maravillas”
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox
viernes, 9 de octubre de 2026
¿En qué casos podemos traicionar a Jesús? ¿Cómo se manifiesta prácticamente nuestro seguimiento?
El lado equivocado, Jn 5:11-18
En los pórticos que rodean el estanque de Betzatá o Betesda
se congregaban enfermos de diversa índole atraídos por el supuesto valor
medicinal de las aguas.
Jesús sanó a un hombre que llevaba treinta ocho años
inválido diciéndole “Levántate, recoge tu camilla y anda” y la autoridad
religiosa, social y política de ese entonces no se puso contenta con Jesús.
Ellos le preguntaron al que había sido sanado “¿Quién es ese hombre que te dijo
recoge tu camilla y anda? El que había sido sanado no tenía ni idea de quién
era, porque Jesús se había escabullido entre la mucha gente que había en el
lugar”
Para los fariseos cargar la camilla implicaba violar la
prohibición de trabajar en el día de reposo. Jesús no quería que todo terminara
allí: ni para el hombre que había sido sanado, ni para las autoridades.
“Después de esto Jesús lo encontró en el templo y le dijo: -Mira ya has quedado
sano. No vuelvas a pecar, no sea que te ocurra algo peor”. Juan nos relata dos
cosas: la iniciativa de Jesús en provocar una confrontación con las
autoridades, y su trabajo personal con el hombre sanado.
Las autoridades se habían desentendido del hombre sobre la
base que su enfermedad era producto del pecado. No tenían que esforzarse por
ayudar al enfermo, porque su teología les indicaba que merecía el castigo que
sufría. Jesús sanó al inválido y rompió definitivamente con tal manera de
pensar y actuar. Ahora bien, ¿Por qué le dijo no vuelvas a pecar?
En el templo, Jesús se acercó al hombre para llamarlo a no
seguir tomando el lado equivocado. Este hombre no se atrevió a cuestionar la
estrechez de los criterios oficiales por parte de las autoridades que lo habían
abandonado, y dejó de lado la posibilidad de dar testimonio contra ellos.
Finalmente le echó la culpa por violar la ley a un desconocido.
La “cosa peor” que podía pasarle sería perder su vida por
traicionar a Jesús y esto sería la consecuencia de quedar en el lado equivocado
del conflicto. El pecado de este hombre no es lo que hizo antes sino lo que
hizo después.
“El hombre se fue e informó a las autoridades que Jesús era
quien lo había sanado”. A sabiendas de la oposición de los religiosos, el
hombre delató a Jesús y por esto las autoridades religiosas le perseguían pues
hacía tales cosas en sábado, así que redoblaban sus esfuerzos para matarlo.
Lamentablemente este hombre traicionó a Jesús.
El evangelio nos presenta el mismo desafío que tenían los
lectores de aquel tiempo. A los “cristianos secretos” les costaba identificarse
con Jesús debido a las circunstancias adversas o los posibles castigos. Quizás
buscaban recibir los beneficios de Jesús sin identificarse públicamente con él.
¿En qué casos podemos traicionar a Jesús? ¿Cómo se
manifiesta prácticamente nuestro seguimiento? ¿Suelo colocarme del lado
correcto a favor de los que son tratados injustamente y no se respeta su
dignidad?
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox
jueves, 8 de octubre de 2026
La locura de la cruz
Servir la mesa
"Pues Jesús sabía quién lo iba a traicionar. A eso se
refería cuando dijo: «No todos están limpios», Jn 13:11
Jesús lavo los pies de Judas. Jesús sabía quién era Judas,
Jn. 2:25, 6:64,70. ¿Qué haríamos si alguno de nosotros tuviese en su grupo a
una persona como Judas?
Judas había oído el mensaje de Jesús pero eso no lo
transformó. Es muy interesante cuando Pablo les habla a los Corintios sobre la
locura de la cruz, 1 Co. 1:23, 25. Exponerse y quedar vulnerable ante el
enemigo es realmente una locura. Sin embargo Jesús lavó los pies de Judas.
Responder cabalmente al ejemplo de Jesús en lavar los pies de todos implica
abandonar el derecho de elegir a quien quiero servir.
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox
¿Se defiende el derecho de unos y se viola el derecho de otros?
Los pobres, las autoridades y el poder
“Levántate, recoge tu camilla y anda…”, Jn 5:8
Nos encontramos en la celebración de una fiesta de los
judíos. Jesús se encuentra con un hombre inválido que llevaba enfermo treinta y
ocho años. Jesús toma la iniciativa y le pregunta: ¿Quieres quedar sano? Su
respuesta fue: “No tengo a nadie que me meta en el estanque mientras se agita
el agua y cuando trato de hacerlo otro se mete antes”. Este hombre muestra la
falta de acompañamiento y solidaridad de los demás: Indica su limitación y el
tema no es la Fe. Lo único que le hacía falta era la compasión humana, la
comunión y la solidaridad.
Jesús sana a este hombre en un día muy particular. Eligio el
día sábado para darle sanidad. Viola la ley permitiendo al inválido llevar su
camilla. Es un acto confrontativo. Jesús decide centrarse en la Justicia,
Misericordia y Humildad. Las autoridades están centradas en la ley, normas,
estructura y poder. Treinta y ocho años sin usar sus piernas, pero observaban
que en el día de reposo este hombre no tenía derecho según las autoridades.
La clave en la dirigencia era ejercitar el derecho a la
autoridad. Lo importante no era la restauración de la persona sino observar que
no guardaba las normas establecidas. El hombre marginado fue invisible hasta
que violo la ley. La autoridad religiosa, social y política de ese entonces no
se puso contenta con Jesús. Las autoridades en vez de escuchar la voz de Dios
decidieron eliminarla.
Seguir el modelo de Jesús es muy arriesgado. Seguir su
ejemplo puede traernos problemas, pero el camino contrario sería traicionar a
Jesús. Si queremos seguir y servir al Dios vivo no queda otro camino que
identificarnos con Jesucristo.
En nuestros países se habla de democracia, la importancia en
la distribución de la riqueza, el derecho y servicio a los pobres, la libertad,
el bienestar, la justicia. Es un buen discurso, pero surge una pregunta: ¿Cómo
es nuestra realidad? ¿Se defiende el derecho de unos y se viola el derecho de
otros? ¿Qué pasa con los que tienen limitación o poco acceso a la salud,
vivienda, educación y trabajo? Proverbios 31:8-9
Carlos
Scott
Foto Gilbert Lennox
martes, 6 de octubre de 2026
Mesas que dan esperanza
Paradigma
Jesús era una persona que estaba dando vuelta el orden
social. "Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: —Señor, ¿tú me vas
a lavar los pies a mí? Jesús contestó: —Ahora no entiendes lo que hago, pero
algún día lo entenderás. —¡No! —protestó Pedro—. ¡Jamás me lavarás los pies!
—Si no te lavo —respondió Jesús—, no vas a pertenecerme. —¡Entonces, lávame
también las manos y la cabeza, Señor, no solo los pies! —exclamó Simón Pedro.
Jesús respondió: —Una persona que se ha bañado bien no necesita lavarse más que
los pies para estar completamente limpia. Y ustedes, discípulos, están limpios,
aunque no todos.", Jn 13:6-10
El amor de Cristo trascendió las barreras de clase social.
Esta actitud de Jesús produjo una reacción fuerte en Pedro. “¡No!, protestó
Pedro jamás me lavaras los pies”. No podía soportar la idea de que Jesús se
humillara de esa manera. Jesús estaba rompiendo con el paradigma de los honores
y prestigio que solemos tener en nuestro medio. Pedro seguramente no se sentía
digno. Tenía razón: no era digno de recibir esto, ninguno lo somos, pero no era
una cuestión de mérito sino de Gracia.
Lo que nos cuesta entender es el mensaje central: Jesucristo
sirve y da su vida por los pecadores. Su humillación lo engrandece una vez más
y de aquí nace el modelo del Siervo, el modelo para ser discípulo. La
reverencia del sistema actual o del mundo es diferente. Encuentra difícil hacer
lo que el Señor hizo.
“¿Entienden lo que he hecho con ustedes?” “Ustedes me llaman
Maestro y Señor, y dicen bien porque lo soy”. Maestro cuya doctrina tenemos que
aprender y Señor cuya voluntad debemos obedecer. Deja claro que su humildad no
ignora quien y que es El. Su humildad es la de un Rey, la de un ser Divino. No
solemos ver esto en nuestras mentes y rendirnos en adoración. Los modelos
aprendidos muchas veces distorsionan nuestra comprensión - comportamiento.
Jesús muestra el modelo de mansedumbre, humildad, servicio y
amabilidad fraternal. Es el modelo que recomienda para sus seguidores. “Les he
puesto ejemplo para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes… ¿Entienden
esto? Dichosos serán si lo ponen en práctica”, Jn 13:12-17
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox
No tomar posición también tiene consecuencias. Cuando una fe evita nombrar la injusticia, el abuso o la desigualdad, no se mantiene al margen: deja intacto aquello que dice mirar con distancia.
Seguir a Jesús no consiste solo en tener convicciones correctas. También implica decidir desde dónde hablamos, qué defendemos, a quién escuchamos y qué estamos dispuestos a no normalizar. Porque el silencio sostenido frente a ciertos asuntos termina funcionando como respaldo.
La fe que no se posiciona termina legitimando lo que dice cuestionar.
Conocer nuestra identidad basada en el poder del amor es el principio para un servicio sano.
Jesús está sentado a la mesa cuando propone cambiar la lista
de invitados.
En Lucas 14, acaba de cuestionar la búsqueda de los lugares
de honor. Luego se dirige al anfitrión y le pide que no organice su
hospitalidad pensando solamente en quienes pueden corresponderle. Pobres,
lisiados, cojos y ciegos —personas relegadas en aquella sociedad— también deben
ocupar un lugar en la mesa.
Jesús toca así una lógica que sigue presente: relacionarnos
con quienes pueden devolvernos el favor, abrirnos una puerta, aumentar nuestro
prestigio o invitarnos después. El Reino de Dios introduce otra manera de
compartir: dar sin convertir al otro en deudor.
La mesa cristiana adquiere entonces una dimensión social.
Importa quién puede sentarse, quién suele quedar fuera y si nuestra generosidad
depende de recibir algo a cambio.
«Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a
los lisiados, a los cojos y a los ciegos. Entonces serás dichoso pues, aunque
ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de
los justos.»
lunes, 5 de octubre de 2026
Conocer nuestra identidad basada en el poder del amor es el principio para un servicio sano.
Identidad y poder
"Después comenzaron a discutir quién sería el más importante entre
ellos", Lc 22:24
Jesús era alguien que conocía su identidad. Jesús les dijo: «En este mundo, los
reyes y los grandes hombres tratan a su pueblo con prepotencia; sin embargo,
son llamados “amigos del pueblo”. Pero entre ustedes será diferente. El más
importante de ustedes deberá tomar el puesto más bajo, y el líder debe ser como
un sirviente. ¿Quién es más importante: el que se sienta a la mesa o el que la
sirve? El que se sienta a la mesa, por supuesto. ¡Pero en este caso no!, pues
yo estoy entre ustedes como uno que sirve.", Lc 22:25-27
Jesus cuestiona nuestros valores y paradigmas. El Señor nos prepara una mesa
donde el orden y las prioridades son diferentes a las nuestras. Se trata de una
mesa diferente. Es la mesa del Reino de Dios donde el más importante es el que
toma el puesto más bajo, es el que sirve
En nuestras comunidades hay mesas que no siempre reflejan los valores del reino
de Dios. Se discute el orden, la jerarquía, el poder, la representación y
control. A veces olvidamos la clave en ser siervos y lavar los pies de todos.
Lucas en su evangelio nos relata que los discípulos estaban dispuestos a
pelearse por un trono pero no por una toalla. No era probable que alguno tome
la toalla para lavar los pies de su compañero. Ellos preferían sentarse a comer
sucios antes que estar limpios.
Jesús realizó algo impresionante. Se humilló. Lavó los pies de todos, Jn
13:1-17. Usó todo su poder para servir. Jesús sabía bien quien era y no
necesitaba el poder para completar su identidad. No mal usó el poder y no lo
manejó para sentirse importante o llenar un vacío en su vida. Podemos mal usar
y abusar del poder cuando no sabemos realmente quienes somos, cual es nuestra
identidad y a quien tenemos que ser semejante.
Conocer nuestra identidad basada en el poder del amor es el principio para un
servicio sano.
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox
domingo, 4 de octubre de 2026
«No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.» — Romanos 12:21 NVI
Los amó hasta el fin
Una mesa de amor
"Y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo,
los amo hasta el fin”, Jn 13:1
Este capítulo nos habla que se acercaba la fiesta de la
Pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de abandonar este mundo para
volver al Padre. Entonces se recluye para estar con su propia familia: Los
discípulos. ¿Qué sentía en esa hora hacia los discípulos? El texto dice: los
amó hasta el fin.
Jesús era una persona que amaba. En su corazón encontró
un lugar para su gente. Su mayor preocupación era seguir preparando a sus
discípulos y pruebas futuras. No fue egoísta. No se quedó pensando en sus penas
o la perspectiva del gozo posterior. Se resalta la constancia de Jesús. Jesús
nos muestra un amor hasta el fin, aunque no todos lo amaron así.
El Padre había puesto todas las cosas bajo su dominio. Tenía
el dominio completo, autoridad y poder. ¿Que hizo Jesús con este poder? Jesús
realizo un acto sencillo y profundo: “así que se levantó de la mesa, se quitó
el manto, y se ató una toalla a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y
comenzó a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que
llevaba a la cintura”, Jn. 13: 4-5.
Jesús hace una exposición dramatizada de la grandeza de su
amor: ofreció su servicio a gente que no lo merecía, que lo abandonarían y
también ofreció su servicio a una persona que se oponía. Demostró que el amor
divino llega hasta las últimas consecuencias. Jesús era una persona que amaba.
Los amó hasta el fin.
Que nuestras vidas, comunidades y mesas sea una constante de
tener brazos abiertos al estilo de Jesús
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox
sábado, 3 de octubre de 2026
La misión no consiste en que todos tenemos que hacer lo mismo. Dios nos llama a estar en el camino, es riesgo y aventura
La misión, riesgo y aventura
“Jesús se acercó y dijo a sus discípulos: «Se me ha dado
toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por lo tanto, ...». Mt 28:18-20
Nelson Morales comenta que “La misión, en su sentido más
profundo, no comienza en la iglesia. Comienza en Dios. El Padre envía al Hijo;
el Padre y el Hijo envían al Espíritu; y ese mismo Dios trino envía a la
iglesia al mundo. La iglesia no inventa la misión. Se incorpora a ella. No
funda el proyecto: es llamada a servir dentro de algo que Dios ya está haciendo
antes de nuestra planificación, nuestros presupuestos, nuestros eventos y
nuestras estrategias.”
La misión no consiste en que todos tenemos que hacer lo
mismo y permite que podamos sentarnos en una misma mesa con diferentes énfasis.
No se trata de que unos hagan prevalecer su vocación sobre otros o
descalificar, menospreciar, sino que los diferentes aportes puedan
complementarse, valorar al otro, reconocerlo, aprender y vernos como parte del
mismo cuerpo de Cristo. “Es el Espíritu Santo mismo el que hace todo esto, y el
que decide qué capacidad darle a cada uno.”, 1 Co 12:11. “Pero Dios puso cada parte
del cuerpo en donde quiso ponerla', 1 Co 12:18
Dios nos llama a estar en el camino, es riesgo y aventura.
Se trata de un viaje que nos transforma junto a otros, Lc 10:1-12. El Señor nos
llama en este tiempo a levantar nuestra mirada, confiar en sus promesas, sus
recursos y cooperar unos con otros.
Una vez más les dijo: «La paz sea con ustedes. Como el Padre
me envió a mí, así yo los envío a ustedes», Jn 20:21
Carlos
Scott
Foto Gilbert Lennox
“La reconciliación”
Ofelia Ortega es teóloga cubana, pastora presbiteriana y una de las voces más importantes del protestantismo ecuménico latinoamericano. Fue la primera mujer ordenada en la Iglesia Presbiteriana-Reformada en Cuba y su trabajo ha estado marcado por la teología feminista, la reconciliación, la justicia y la vida de las comunidades.
Memoria, espera y perseverancia
Memoria, espera y perseverancia: tres palabras para una fe que aprende del pasado, habita el presente y sigue caminando aun cuando los procesos toman tiempo.



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