En salida
“Esteban, un hombre lleno de la gracia y del poder de Dios, hacía señales y milagros asombrosos entre la gente. Cierto día, unos hombres de la sinagoga de los Esclavos Liberados—así la llamaban—comenzaron a debatir con él. Eran judíos de Cirene, Alejandría, Cilicia y de la provincia de Asia. Ninguno de ellos podía hacerle frente a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba Esteban”, Hch 6:8-10
Lucas nos relata que Esteban era un hombre lleno de la gracia y del poder de Dios, hacía señales y milagros asombrosos entre la gente, pero tuvo mucha oposición. Los que se opusieron no fueron los hebreos sino los judíos helenistas o de habla griega.
La oposición estuvo basada en mentiras y esto provoco a la gente para ir en contra de Esteban. Se le acusaba de hablar contra el templo y contra la ley de Moisés. Él podía hablar con autoridad porque era una persona llena del Espíritu Santo y Dios estaba con él. Pudo responder a las acusaciones con un largo discurso señalando que el pueblo había vivido entre la fe y la deslealtad a Dios. El concilio supremo fijo la mirada en Esteban porque su cara comenzó a brillar como la de un ángel.
Esteban hablo de que el pueblo de Dios se había desviado del camino y que el Altísimo no vive en templos hechos por manos humanas. La religión del templo pretende circunscribir a Dios a una determinada “etiqueta denominacional”, estructura y lugar. La conclusión de Esteban es que cuando seguimos la religión del templo o bien de la estructura, el legalismo y su sistema, estamos resistiendo al Espíritu Santo. Lo importante para el Espíritu no es el templo o la estructura, sino la misión. A Dios no lo podemos contener en algún templo en particular. Es un Dios que lo encontramos en el camino. Es un Dios peregrino que va delante de su pueblo y nos invita como comunidad de fe a vivir en salida.
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

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