Tú tienes fe, y yo tengo obras
"Después Jesús regresó a Jerusalén para la celebración de uno de los días sagrados de los judíos. Dentro de la ciudad, cerca de la puerta de las Ovejas, se encontraba el estanque de Betesda, que tenía cinco pórticos cubiertos. Una multitud de enfermos—ciegos, cojos, paralíticos—estaban tendidos en los pórticos. Uno de ellos era un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio y supo que hacía tanto que padecía la enfermedad, le preguntó: —¿Te gustaría recuperar la salud?", Jn 5:1-5
Nos encontramos en el estanque o piscina de Betesda que significa casa de misericordia. Era como una especie de balneario, a cuyas aguas se le atribuían particulares poderes terapéuticos. Las autoridades religiosas no mostraban demasiada simpatía por este ambiente y su desconfianza se debía a que los visitantes fueran contaminados por una mentalidad pagana o supersticiosa.
Este lugar era un lugar de encuentro para los excluidos y rechazados. Había disposiciones concretas que mantenían fuera del templo a los cojos y a los ciegos. Dios nos llama a no descuidar el estado del rebaño y atender a toda la gente sin distinción y discriminación. La escritura nos recuerda: "Mis amados hermanos, ¿cómo pueden afirmar que tienen fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo si favorecen más a algunas personas que a otras?", Stg 2:1.
"Amados hermanos, ¿de qué le sirve a uno decir que tiene fe si no lo demuestra con sus acciones? ¿Puede esa clase de fe salvar a alguien? Supóngase que ven a un hermano o una hermana que no tiene qué comer ni con qué vestirse y uno de ustedes le dice: «Adiós, que tengas un buen día; abrígate mucho y aliméntate bien», pero no le da ni alimento ni ropa. ¿Para qué le sirve? Como pueden ver, la fe por sí sola no es suficiente.", Stg 2:14-18
"Si ustedes son sabios y entienden los caminos de Dios, demuéstralo viviendo una vida honesta y haciendo buenas acciones con la humildad que proviene de la sabiduría", Stg 3:13
Carlos Scott





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