Dios nos llama a una "vida entera y eterna"
"Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no me envió a este mundo para condenar a la gente, sino para salvarla", Jn 3:16-18.
El amor de Dios es el centro de toda la revelación. Es un
amor desbordante, de gracia, fiel y universal. Dios es amor y no es un
Dios de miedo. El corazón de Dios es su amor por toda la humanidad. Este
amor es ofrecido a toda la gente para dar salvación, pero solamente en el
creyente el plan de Dios tiene la posibilidad de realizarse.
El mundo y su gente tienen la necesidad de la salvación,
porque se encuentran en una situación de riesgo. El amor de Dios a la humanidad
se presenta de una manera concreta en la vida de Jesucristo. La salvación se
juega en relación con la aceptación o al rechazo del amor divino manifestado en
Cristo. La cruz presenta un amor derrotado y, sin embargo, victorioso por
la resurrección. Jesús fue humillado, pero lleno de gloria, traicionado pero
fiel. El justo dando su vida por los injustos.
Dios nos presenta una historia de amor, nos hace
responsables y esta puede ser nuestra acusación cuando la rechazamos. No
es tanto Dios el que juzga, sino lo son nuestras opciones. El encuentro
con el Señor determina una crisis, puede ser aceptada o rechazada. Todo se
decide en la esfera del ser humano, es libre para aceptar o rechazar. Dios
ratifica y respeta esa elección.
"Pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron,
les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios", Jn 1:12
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

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