Inclusión
“Más tarde, Jesús y sus discípulos estaban cenando en la
casa de Mateo. Muchos de los que cobraban impuestos, y otras personas de mala
fama que ahora seguían a Jesús, también fueron invitados a la cena. Cuando
algunos maestros de la Ley, que eran fariseos, vieron a Jesús comiendo con toda
esa gente, les preguntaron a los discípulos: —¿Por qué su maestro come con
cobradores de impuestos y con gente de mala fama? Jesús los oyó y les
contestó: —Los que necesitan al médico son los enfermos, no los sanos. Y yo vine
a invitar a los pecadores para que regresen a Dios, no a los que se creen
buenos.”, Mc 2:15-17
Las mesas en las que Jesús participó tuvieron un impacto
eterno, pero al mismo tiempo muchos no lo podían entender. Jesús estuvo
dispuesto a perder fama y popularidad porque entendía que una mesa estratégica
valía más que ser reconocido por las multitudes.
Todo comienza en la sencillez de compartir la vida de una
manera profunda y sincera. Había diálogo, empatía y proximidad. Discipular
una generación es seguir las opciones de Jesús e imitar sus gestos.
La profundidad de cada acontecimiento encendió el corazón de
los discípulos. Las buenas nuevas las llevo adelante una generación que
entendió el propósito de Dios permaneciendo en sus enseñanzas y dando fruto
“Oigan bien esto: De todas partes del mundo vendrá gente que
confía en Dios como confía este hombre. Esa gente participará en la gran cena
que Dios dará en su reino. Se sentará a la mesa con sus antepasados Abraham,
Isaac y Jacob.”, Mt 8:11
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox
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