Dios bendice...
"Uno de los fariseos invitó a Jesús a cenar, así que
Jesús fue a su casa y se sentó a comer. Cuando cierta mujer de mala vida
que vivía en la ciudad se enteró de que Jesús estaba comiendo allí, llevó un
hermoso frasco de alabastro lleno de un costoso perfume. Llorando, se arrodilló
detrás de él a sus pies. Sus lágrimas cayeron sobre los pies de Jesús, y ella
los secó con sus cabellos. No cesaba de besarle los pies y les ponía
perfume. Cuando el fariseo que lo había invitado vio esto, dijo para sí:
«Si este hombre fuera profeta, sabría qué tipo de mujer lo está tocando. ¡Es
una pecadora!», Lc 7:36-50
Las más grandes enseñanzas en las que Jesús impartió vida
sucedieron mientras compartía su diario andar, cuando caminaba de un pueblo a
otro, cuando se detenía ante el pedido de la gente, cuando se sentaba a la
mesa.
Jesús da vuelta el orden social y las convenciones
establecidas. Jesús tiene otra visión de orden y sus valores. Es en una casa
donde se integran a los excluidos y Jesús cambia el esquema de los tiempos
finales rechazando la discriminación y alejamiento.
Compartir la mesa con Jesús es tocar lo más profundo de cada
persona con su historia, es nutrir la vida, abrir el corazón con sus alegrías y
tristezas. Jesús nos revela sus gestos y sus opciones.
«Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan
cuenta de la necesidad que tienen de él, porque el reino del cielo les
pertenece. Dios bendice a los que lloran, porque serán consolados. Dios bendice
a los que son humildes, porque heredarán toda la tierra. Dios bendice a los que
tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dios bendice a los
compasivos, porque serán tratados con compasión. Dios bendice a los que tienen
corazón puro, porque ellos verán a Dios. Dios bendice a los que procuran la
paz, porque serán llamados hijos de Dios. Dios bendice a los que son
perseguidos por hacer lo correcto, porque el reino del cielo les pertenece.”,
Mt 5:1-12
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

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