Lo inesperado
“Cuando llegaron de nuevo a Jerusalén, Jesús entró en el
templo y comenzó a echar a los que compraban y vendían animales para los
sacrificios. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían
palomas, y les prohibió a todos que usaran el templo
como un mercado. Les dijo: «Las Escrituras declaran: “Mi templo será
llamado casa de oración para todas las naciones”, pero ustedes lo han
convertido en una cueva de ladrones», Mc 11:15-18.
Hay mesas que contradicen los valores del Reino de Dios y
simbolizan un juicio. El templo de Jerusalén se había corrompido y se
transformó en un mecanismo de opresión para la gente. Los mercaderes y
cambistas se habían ubicado en el patio de los gentiles que era el lugar
reservado para otras naciones que venían adorar a Dios. Jesús les vuelca las
mesas y los puestos. El hecho es que Jesús purifica el patio de los gentiles.
La acción de Jesús tuvo un carácter profético y social,
promoviendo la dignidad, la justicia y la inclusión. El Señor valida la
igualdad basada en el amor y la solidaridad. No sabemos cómo pudo imponer su
voluntad en esa realidad histórica. Su intervención se vio como algo
imperdonable. Una subversión de gran escala. Jesús justifica su intervención
mediante la enseñanza de Isaías 56:7 ¿No está escrito: “Mi casa será llamada casa de oración para todas las
naciones”?
Jesús hace referencia a un reino inclusivo que Dios quiere
instaurar. Su preocupación tiene que ver con todas las naciones, para todos los
pueblos, a favor de todas las etnias. Jesús no se queda con sus límites
nacionalistas sino los trasciende. Jesús mostro su indignación por la falta de
integridad y nos muestra un camino a seguir.
Carlos
Scott
Foto Gilbert Lennox

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