¿Inclusivos o exclusivos?
“Cuando Pablo y Bernabé estaban en Antioquía de Siria,
llegaron unos hombres de Judea y comenzaron a enseñarles a los creyentes: «A
menos que se circunciden como exige la ley de Moisés, no podrán ser salvos».
Pablo y Bernabé no estaban de acuerdo con ellos y discutieron con vehemencia.
Finalmente, la iglesia decidió enviar a Pablo y a Bernabé a Jerusalén, junto
con algunos creyentes del lugar, para que hablaran con los apóstoles y con los
ancianos sobre esta cuestión”, Hch 15:1-2.
Los apóstoles advierten que lo que está en juego no es
principalmente su forma de hacer misión sino el evangelio mismo. Podemos
suponer que tanto unos como otros, perseveraban en la doctrina, en la comunión,
en las oraciones y que estos fariseos o religiosos formaban parte de la
iglesia, por lo tanto: ¿Por qué es que Bernabé y Pablo pueden ver lo que Dios
está haciendo entre los no alcanzados, mostrarse abiertos, y algunos religiosos
no? ¿Dónde está la diferencia?
La iglesia de Antioquía junto a sus líderes se ha unido a la
misión de Dios en el mundo y se lanzaron a la labor misionera. El Espíritu
estaba activo en Jerusalén, sí; pero donde el Espíritu estaba haciendo cosas
nuevas y abriendo caminos era en otras partes. Somos desafiados una vez más a
seguir el impulso del Espíritu aceptando nuevos desafíos. Se nos llama a
participar de la obra del Espíritu, ser flexibles, creativos y no centrarnos en
el mantenimiento de las estructuras, tradiciones, reglamentos.
La periferia tiene un sabor especial para Dios cuando nos
dice: “Vayan a Galilea y ahí me verán”. Dios nos espera en otra parte, con otro
público y desde esos lugares manifiesta su poder haciendo cosas nuevas. Hay un
tiempo nuevo, un vino nuevo y Dios nos llama donde no reina la fe, pero les
alcanza la misericordia divina. Hoy necesitamos la voz de los incontables
Bernabé y Pablo que están experimentando la aventura de la fe que los lleva más
allá.
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

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