viernes, 17 de julio de 2020

INTERIORIDAD PROFUNDA Y EXTERIORIDAD INTRÉPIDA

INTERIORIDAD PROFUNDA Y EXTERIORIDAD INTRÉPIDA.
El anuncio del Evangelio, tal como lo hizo Jesús: predicando buenas nuevas para quienes solo reciben malas noticias, sanado dolencias físicas y morales, acogiendo a las personas excluidas, defendiendo la dignidad de todos los seres humanos y promoviendo la libertad a los oprimidos de muchos males (y muchos malos), una Misión así, requiere de un gigantesco valor. ¡No es tarea de pusilánimes!
A él lo llamaron príncipe de los demonios (Belzebú) y, desde muy temprano, cuando estaba iniciando su tarea espiritual, quisieron matarlo (Lucas 4:28-30).
Por eso, cuando explicó la tarea que les encomendaba a los discípulos, no les ocultó las consecuencias que tendrían. Y fue categórico en su recomendación: “No tengan miedo a la gente”.
Sus advertencias no eran para que se ocultaran, sino para que proclamaran el Evangelio con audacia, “pregonándolo desde las azoteas”. Debían confiar en Dios el Padre, que estaría con ellos, no siempre para librarlos, pero siempre para infundirles valor; para impedir una Misión en manos de cobardes. Lo que se escucha, se sabe y se aprende de Jesús, debe ser proclamado “a plena luz”.
Los valores del Evangelio se cultivan en la interioridad de lo que somos —cultivo de la calidad humana profunda, según M. Corbí—pero se proyectan hacia la exterioridad de donde estamos. Interioridad y exterioridad. Espiritualidad y profecía. Profundidad e intrepidez. Como Jesús.
“Ningún discípulo es más que su maestro ni ningún criado es más que su amo. Bastante es que el discípulo llegue a ser como su maestro, y el criado como su amo. Si han llamado Belzebú al amo de la casa, ¿qué no dirán de sus familiares? No tengan miedo a la gente. Porque no hay nada secreto que no haya de ser descubierto, ni nada oculto que no haya de ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, díganlo ustedes a plena luz, y lo que escuchan en secreto, pregónenlo desde las terrazas. No tengan miedo de los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Más bien tengan miedo de aquel que puede destruir el cuerpo y el alma en la gehena. ¿No se venden dos pájaros por muy poco dinero? Sin embargo, ninguno de ellos cae a tierra si el Padre de ustedes no lo permite. Pues bien, ustedes tienen contados hasta el último cabello de la cabeza.
Todo aquel que se declare a mi favor delante de los demás, yo también me declararé a favor suyo delante de mi Padre que está en los cielos. Y, al contrario, si alguien me niega delante de los demás, yo también lo negaré a él delante de mi Padre que está en los cielos.”
‭‭MATEO‬ ‭10:24-30, 32-33‬ ‭Biblia La Palabra
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