miércoles, 23 de septiembre de 2026

La mesa del Señor nos indica que somos un solo cuerpo y nos edificamos unos a otros

Banquete

“Entonces Jesús les dijo a los discípulos que sentaran a la gente en grupos sobre la hierba verde. Así que se sentaron en grupos de cincuenta y de cien. Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados, miró hacia el cielo y los bendijo. Luego, a medida que partía los panes en trozos, se los daba a sus discípulos para que los distribuyeran entre la gente. También dividió los pescados para que cada persona tuviera su porción. Todos comieron cuanto quisieron, y después los discípulos juntaron doce canastas con lo que sobró de pan y pescado. Un total de cinco mil hombres y sus familias se alimentaron”, Mc 6:39-44

La mesa del Señor es un lugar de encuentro donde Dios invita al ser humano a vivir en relación con Dios y los demás. Es un espacio de encuentro comunitario, de significado espiritual y misional. Alrededor de la mesa se construyen relaciones, se celebra la presencia del Señor y se extiende la invitación a formar parte del Reino de Dios. Hay un llamado a discernir juntos la palabra de Dios con humildad y participar en su misión con esperanza.

Hacer memoria en la mesa del Señor nos habla de un Dios que se entrega, que pone su vida al alcance de otros. Es un lugar donde Dios se da a conocer, hay revelación y nos alcanza con sus promesas

Nuestras mesas deben ser espacios de memoria que nos recuerda que Dios libera y redime a su pueblo, Ex 12:1-28. Dios también nos prepara una mesa en medio de la dificultad, Ex 16, 17:1-7, Nm 20:1-13, 1 Co 10:4, Sal 23:5. La provisión viene de la fidelidad de Dios y no de la autosuficiencia humana. Cuando la incertidumbre y los peligros nos amenazan, Dios nos protege y nos invita a su mesa. David Cárdenas expresa: “Debemos recordar de dónde venimos y que promesas nos sostienen”.

La mesa del Señor nos indica que somos un solo cuerpo y nos debemos unos a otros, 1 Co 10:16-17, Ro 12:5-6. Jesús es nuestro pan, nos une y es nuestro pastor. Hay espacio para descansar, renovar fuerzas, afirmar nuestra identidad y sentirnos seguros con su cuidado, Sal 23

“Al oír esto, un hombre que estaba sentado a la mesa con Jesús exclamó: «¡Qué bendición será participar de un banquete en el reino de Dios!», Lc 14:15

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


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